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Lecciones urgentes para mexicanos xenófobos

En un balance objetivo, los 7,000 migrantes no representan una amenaza laboral

OPINIÓN

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Trabajadores del gobierno de Huixtla, en la frontera con Guatemala, rociaron insecticida sobre las cabezas de los migrantes que viajan en caravana rumbo a Estados Unidos en una nueva muestra de la política xenófoba del municipio que hace años incluye persecución oficial abierta y velada contra los centroamericanos. Más de 1,800 kilómetros al norte, el gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez El Bronco, amenazó a los integrantes de la marcha –que suman alrededor de 7,000, según las Naciones Unidas– con deportarlos si llegan a su frontera. El argumento es que su estado, uno de los más ricos del país, no tiene empleo para ofrecerles. En medio de ambos extremos geográficos, el día a día se tupe con comentarios en redes sociales, en el trabajo, en casa y entre amigos, sobre los “peligros” que representarían para México la llegada masiva de esa gente que "quién sabe qué mañas tendrán" o si de verdad son víctima de inseguridad y violencia. "Yo no dudaría en denunciarlo a Migración si me topo con uno de ellos", me dijo un arquitecto. "No tenemos trabajo ni para nosotros", argumentó un abogado. "Son delincuentes", agregó. "Si tienen un mal gobierno, que se aguanten o que luchen para quitarlo", soltó una ama de casa. "Me dormí en México y desperté en Texas", ironizó un colega… La lista de ejemplos del rechazo que sienten muchos mexicanos hacia los centroamericanos es tan larga como su historia de episodios y crímenes de odio contra oriundos de otras nacionalidades. Ocurrió a principios del siglo pasado en contra de los chinos, cuando 300 de ellos fueron asesinados en un sólo día por las tropas maderistas en Coahuila, o la más reciente masacre de los 72 migrantes centro y sudamericanos en San Fernando, Tamaulipas, por mencionar episodios clásicos entre las infinitas ruindades que sufren extranjeros en México. Documentados están por la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación, la Comisión Nacional para los Derechos Humanos y cientos de organizaciones no gubernamentales que no cesan de poner el dedo en la llaga sobre la falta de empatía en una gran mayoría que declara abiertamente que no abrirían su casa a un migrante. Quienes así lo expresan son, por lo general, buenas personas en otros contextos, amables, serviciales, simpáticos y querendones, pero no para un extraño, y menos si viene de lejos, miserable, aunque la condición de éste no le afecte. En un balance objetivo, los 7,000 migrantes no representan una amenaza laboral. Son apenas 0.0058% entre los 120 millones de mexicanos y bien podrían ubicarse en algunas zonas donde hace falta mano de obra y no se alcanza a cubrir. Esto en el supuesto de que "todos" ellos quisieran quedarse. En ese caso, como ocurrirá en adelante por el cambio de país de tránsito a receptor de migrantes, lo que faltará en México es más que empleo. Más bien, una poderosa política nacional que abra la mente a la inter poco a poco al pequeño fascista que de vez en cuando se asoma fuerte. *Periodista