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¿Nuevo sindicalismo?

Ponían de ejemplo la elección de secretarios en las 36 secciones de Pemex, donde Romero Deschamps es cacique desde 1993

OPINIÓN

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Algunos analistas bisoños festejaban la semana pasada la nueva etapa del sindicalismo en México a partir del próximo sexenio, que estaría caracterizada, según ellos, por el voto libre y secreto de los agremiados a cualquier organización, la honestidad e integridad de nuevos dirigentes, y otras virtudes. Y para dar fe, ponían como ejemplo la elección de secretarios generales en las 36 secciones de Pemex, en donde Carlos Romero Deschamps es el cacique sindical desde 1993. Pero al día siguiente de la primera etapa (son tres) de la elección, que fue calificada como una farsa, Carlangas, quien obtuvo un triunfo arrollador porque ganaron sus incondicionales, mandó el siguiente mensaje: ¡Tengan su pinche democracia sindical! Lo que se les olvidó a los susodichos analistas, es que Romero Deschamps tiene más vidas que un gato. Y que a pesar de que su expediente es tanto o más abultado que el que le costó la libertad en 2013 a su colega Elba Esther Gordillo, ningún presidente se ha atrevido a “echarle el guante”. Casualmente, tres días después de la victoria del dirigente sindical de Pemex, la maestra de la maldad y la perversidad, como la califican sus enemigos y detractores, volvió a “sacar las uñas”, y recordó a sus seguidores, al respetable y al próximo presidente de la República, que ella sigue mandando en el SNTE porque es la dueña; que Juanito Díaz, es un pelele, bueno, un usurpador que sólo maneja la chequera de los maestros, quiso decir. Con el cinismo que le caracteriza, la renovada profesora, políticamente hablando, les hizo saber a sus empleados y súbditos del SNTE: “Vamos a su rescate, vamos por el voto secreto, por la pluralidad, por la autonomía e independencia. Vamos por una educación pública por excelencia”. Ninguno de los asistentes al convivio se atrevió a preguntar: ¿y las cuotas sindicales que manejaste durante casi 20 años, amá? Tampoco le reclamaron que antes de que la mandaran a Reno, nunca se preocupó por la educación por excelencia que ahora quiere promover. Ya encarrerada, Elbita les dijo a sus detractores: ¡Nunca me fui! Estuve detenida porque no tuvieron las agallas para defender, en el espacio que se debía, la razón de una ley infame, opresiva, humillante para los trabajadores de la educación. Y para que aprendan a respetar, remató su intervención con cuatro palabras que podrían interpretarse de la siguiente manera: ¡La Ley C’est moi! Los observadores políticos están esperando con ansias locas que Napoleón Gómez Urrutia, líder de los mineros y de Víctor Flores, dirigente de los ferrocarrileros, se pronuncien por la nueva etapa del sindicalismo mexicano, exento de corrupción, extorsiones, cochupos, ajustes de cuentas, contubernio con el gobierno federal, y otras prácticas insanas. Y para cerrar con broche de oro el tema sindical, el secretario del Trabajo, Roberto Campa Cifrián; el director saliente del IMSS, Tuffic Miguel Ortega, y el entrante a partir de diciembre, Germán Martínez Cázares, conocido en esta columna como germancitoelhombrecito.com, le rindieron pleitesía al nuevo dirigente del sindicato de esa institución, Arturo Olivares Cerda, al entregarle, los tres juntitos, su toma de nota. Y hasta tuvieron el cinismo de tomarse la foto.  

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