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Carlos Monroy: La ira de los gobernadores

Sin contrapesos reales en los congresos o municipios libres, los gobernadores se convirtieron en amos

OPINIÓN

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Durante las últimas dos décadas, en México presenciamos el ascenso de los gobernadores como el nuevo centro de la política nacional. En gran parte del siglo XX, el poder presidencial mantuvo dentro de su órbita a los mandatarios locales y disciplinó a aquellos Ejecutivos estatales que se desviaban de los designios del Presidente. Cuando el régimen priista colapsó, la división de poderes del federalismo se activó. El problema fue que, sin contrapesos reales como congresos independientes o municipios libres, el poder de los gobernadores creció y se convirtieron en amos de sus estados. Veinte años de ausencia de equilibrios devinieron en la corrupción y abusos a los que nos acostumbramos: los dos Duartes, Borge, Herrera, Granier, Montiel, Padrés, y un largo etcétera. No obstante, uno de los grandes cambios que trajo el primero de julio y que se ha mencionado poco es que por primera vez en la historia de varios estados habrá gobierno dividido, es decir, el partido del gobernador no controlará la mayoría del congreso local. En al menos 16 congresos locales Morena tendrá la mayoría. De estos, catorce son gobernados por la (futura) oposición. Llama la atención, especialmente, los casos de Hidalgo y Estado de México. Estos estados jamás habían conocido oposición al PRI. Parecería poca cosa que 14 gobernadores encontraran oposición en sus respectivos congresos; sin embargo, hay que recordar que el legislativo local no sólo hace leyes, sino que controla el presupuesto y su ejercicio. Si Duarte pudo desviar millones de pesos fue porque no había una oposición que lo vigilara. Aunado al resultado electoral, la derrota del PRI y su salida del gobierno, no tendrá recursos para cooptar a la oposición. Morena encontrará a un PRI doblemente herido. La reacción de algunos gobernadores ha sido drástica: blindarse para anular al poder legislativo. Los casos más emblemáticos han sido Hidalgo y Sonora. En el primer estado, el gobernador Fayad aprovechó su aún mayoría para modificar el reglamento del Congreso local para dificultar a Morena el control de sus órganos directivos. Esto sumió al legislativo estatal durante dos semanas en trifulcas entre el PRI y Morena y en la imposibilidad de nombrar mesa directiva. En Sonora, la gobernadora Pavlovich instó a sus diputados a reformar la Constitución local para blindar al Ejecutivo del Congreso. Entre otras cosas se aprobó el veto del gobernador sobre el Paquete Económico. En el Estado de México, Alfredo del Mazo pidió al Congreso reestructurar la deuda, para aumentarla y no estar sujeto a la mayoría de Morena. En Veracruz, Yunes nombró su fiscal carnal en materia de corrupción que durará cinco años. A meses del mayor cambio electoral, parecería que los contrapesos locales comienzan a despertar. La existencia de gobiernos divididos podría significar el fin de los gobernadores como virreyes omnipotentes. No obstante, se vislumbran tiempos políticos convulsos. El papel que desempeñará el Senado y la Suprema Corte será fundamental para mediar posibles conflictos. Hoy, como sucedió en el 2000, el federalismo mexicano entra a tierra incógnita.  

CARLOS MONROY

MIEMBRO DEL COLECTIVO ABRE BIEN LOS OJOS

@CARLESMONROY