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Israel López: Bolsonaro barre con todos

El éxito de Bolsonaro se debe a la profunda desilusión de los brasileños por la corrupción, y a la violencia

OPINIÓN

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La fiebre ultraderechista que vive Brasil con el triunfo electoral de Jair Bolsonaro, quitó el reflector –pero más importante– el poder a los tradicionales partidos que gobiernan en ese país. Apagó incluso al fenómeno Lula. De la mano de Luiz Inácio Lula da Silva, el Partido de los Trabajadores (PT) llegó hace 16 años al palacio presidencial de Planalto, con un avasallador 60.5 por ciento de los votos, para echar al oficialista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Hoy parece que el radical Partido Social Liberal (PSL), de Bolsonaro, también viene a barrer con lo que queda de los formaciones tradicionales y de paso con el PT, considerado uno de los partidos de izquierda más importantes de AL. La probable llegada de Bolsonaro fue precedida por una ofensiva de los viejos partidos que se unieron para sacar del poder vía impeachment a la sucesora del hoy preso Lula, Dilma Rousseff, acusada de manipular las cuentas públicas y que no pudo ganar un asiento en el Senado. El trabajo sucio contra Dilma lo hicieron el PMDB, del actual presidente Michel Temer, y el PSDB, que lidera el exmandatario Fernando Henrique Cardoso. Pero ambos partidos no tuvieron una buena ganancia política en las pasadas elecciones, o al menos no lo que ellos esperaban y al contrario fueron aún más relegados de lo que ya estaban. La primera fuerza en la Cámara baja seguirá en manos del PT, con 56 escaños de un total de 513 y una pérdida de 12 curules. La segunda fuerza será ahora el PSL de Bolsonaro,que pasó de 8 asientos a 52 diputaciones. Además, la fuerza de Bolsonaro también llevó a ganar a dos de sus hijos: Eduardo se convirtió en el diputado más votado de la historia de Brasil, con 1.8 millones de votos, y Flavio consiguió un asiento en el Senado. En este sentido, el exembajador de Brasil en EU, Rubens Barbosa, señaló a The Dialogue en una entrevista que el éxito de Bolsonaro en gran medida se debe a la profunda desilusión de los brasileños por la corrupción, la violencia y la ineficiencia del gobierno. Sin olvidar que, durante la campaña de cara a la primera vuelta, Bolsonaro fue atacado con un cuchillo y, que gran parte de su éxito, es porque centró su campaña en una línea de propuestas muy duras contra la corrupción y la violencia, ah pero eso si, a través de las redes sociales, inclusive se dio el lujo de no asistir al último debate. El asunto es que si el huracán ultraderechista termina de romper los diques políticos tradicionales, el 28 de octubre, no habrá quien frene la ola radical que se avecina. El asunto para la sociedad brasileña no es menor, al menos, para las mujeres, los negros y los homosexuales. Pero cuidado, la ola ultraderechista en Brasil está presedida por un Brexit en Gran Bretaña; el triunfo del premier Viktor Orban, en Hungría; los radicales del Movimiento Cinco Estrellas en Italia, sólo por citar a los más recientes casos que son una señal inequívoca de que esa tendencia va a la alza. El mismo Bolsonaro dijo el pasado jueves que le tenía una amplia admiración por Donald Trump.