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Fausto Barajas: México necesita un gobierno que genere confianza

El próximo Presidente ha mostrado nulo interés en fortalecer al sistema anticorrupción y ha atacado a las instituciones de transparencia

OPINIÓN

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Cualquier economía del mundo requiere un ambiente de confianza para desarrollarse. El gobierno es uno de los principales agentes económicos para generar ese ambiente, que se construye con la vigencia del Estado de Derecho y con la certidumbre que aportan las decisiones de política económica. La influencia de lo que sucede con el gobierno es evidente en mercados emergentes como México. El índice de confianza del consumidor se disparó con la elección presidencial, pues pasó de 89 a 102 puntos, un crecimiento de 13 puntos, el más grande del que se tenga registro para el indicador. Algunos piensan que este salto se debió al resultado y al mensaje tranquilizador de AMLO la noche de la elección. Para ponerlo en contexto, en la elección de 2012 este indicador subió sólo dos puntos, al pasar de 95 a 97. En la confianza empresarial, se dio un cambio similar, mejoró dos puntos, mientras que en la de 2012 solo fueron 0.2 puntos. Estos indicadores no miden directamente la confianza en el gobierno, pero tienen una relación estrecha con las decisiones que toma este. Si no, recordemos que se perdieron 15 puntos en la confianza del consumidor con el alza de las gasolinas en enero de 2017. Después de la euforia de la confianza con la elección presidencial, esta se ha deteriorado en los últimos dos meses, y previsiblemente se recuperará entre diciembre y enero tras el cambio de gobierno, dado que la transición administrativa será relativamente tersa. Es muy probable que venga una “luna de miel” con los agentes económicos, que en el caso del gobierno de Peña duró 11 meses gracias a las reformas. Para el próximo gobierno, pareciera que esa luna de miel durará la mitad de tiempo. Conducir un gobierno puede ser análogo a la conducción de un coche. Para generar certidumbre y confianza se debe ser visible: luces encendidas y las que indican el frenado deben de funcionar correctamente, etcétera. Hoy tenemos un gobierno visible y va tan adelantado que ya tiene las luces de navidad encendidas y una bocina a todo volumen para que todos volteen a verlo. Lo llaman “gira de agradecimiento”. Sin embargo, el gobierno no es del todo predecible, veamos algunos ejemplos: Anunció la construcción de un tren de 900 kilómetros y hoy ya va en mil 500, pero sin proyecto ejecutivo que lo respalde. Su grupo político aprobó las modificaciones legales para asignar obras a discreción en Tabasco, lo que generará incertidumbre y menos competencia. Sobre el NAIM, al principio puso las direccionales para cambiar de carril diciendo que se podría continuar la construcción, incluso concesionarla, después puso las intermitentes para decantarse por una consulta ciudadana, a pesar de tener todos los elementos para tomar la decisión de seguir con la construcción. Luego puso las luces de frenado, diciendo que podría cancelar la obra. Todo ello confunde a los conductores en la vía. Como candidato, AMLO puso las luces “altas” para señalar los problemas de corrupción en el gobierno saliente y anunciar su programa de austeridad junto con un nuevo paradigma moral de los funcionarios. Pero una vez que ganó las elecciones, parece que apagó las luces: dijo que no buscará que se castigue a los que hayan cometido actos de corrupción antes de su llegada al gobierno. Por otro lado, ha mostrado nulo interés en fortalecer al sistema anticorrupción y ha atacado a las instituciones de transparencia. Y a juzgar por una revista del corazón, no se ve que la austeridad vaya a ser la divisa de los nuevos funcionarios.  

ECONOMISTA Y ESPECIALISTA EN POLÍTICA PÚBLICA