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Elba Esther y AMLO, juntos

OPINIÓN

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Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato. Si el nieto se va a Morena, el yerno está con Morena, y la mano derecha llamó a votar por Morena, entonces no hay mucha duda de por dónde andan las simpatías. Pero aun así hay quien pone en tela de juicio que Elba Esther Gordillo esté apoyando a AMLO. No es suficiente, para quienes aún titubean, que René Fujiwara, Fernando González y Rafael Ochoa, nieto, yerno y segundo al mando de la maestra (es un decir) cuando encabezó el SNTE, hayan públicamente manifestado su apoyo al tabasqueño. Algunos de sus más fieles seguidores no quieren ver una realidad que no les gusta, que los desconcierta y los decepciona. Quienes nunca se imaginaron compartir proyecto político con quien tanto daño hizo a la educación, ahora están pasando aceite para justificar la política de “puertas abiertas” de López Obrador. Él piensa muy distinto. Le abrió su partido a todo el que quiera participar, venga de donde venga. No importan los antecedentes, ni la congruencia. Y la ideología tampoco es estorbo. Todos caben. Para los despistados, ayer nos lo confirmó en radio, en MVS noticias y Presumiendo MX, la presidenta de Morena Yeidkol Polevsky. “En este proyecto caben todos”, dijo. “Morena está abierto para todos”, insistió. Y todos, son todos. Elba Esther Gordillo, sí, pero también sus acérrimos rivales, la CNTE. A final de cuentas ambos extremos, que no podían verse ni en pintura, ya no lo son tanto: Gordillo y la Coordinadora quieren echar abajo la reforma educativa. Cuando en Morena hablan de todos, lo dicen en serio. Ya poco podría sorprendernos. De Cuauhtémoc Blanco a René Bejarano, pasando por Lino Korrodi e incluyendo a Manuel Bartlett y a los recién renunciados diputados del Verde en Chiapas. Del ultraderechista partido Encuentro Social al PT, recalcitrante defensor del régimen de Corea del Norte. Todos, son todos. Tienen razón quienes opinan que López Obrador ha cambiado, que no es el mismo que en 2006 estuvo a punto de ganar la Presidencia. Si en aquel momento tenía pudor para buscar aliados, bateó a Elba Esther y a una larga fila de gobernadores priistas que, confrontados con Roberto Madrazo, quisieron apoyarlo y terminaron en brazos de Felipe Calderón, ahora el decoro lo dejó en el cajón. La prioridad es ganar. Como sea y acompañado de quien sea. ¿Ideología? ¿Principios? ¿Congruencia? Nah. Eso le estorba. En Morena no se reservan el derecho de admisión. Off the récord El choque por la imposición de Roberto Albores en Chiapas rebasa al PRI-Verde, y golpea directamente a José Antonio Meade que está urgido de buenas noticias. ¿O a poco en el CEN tricolor olvidaron que apenas el 14 de diciembre pasado, el precandidato arrancó ahí su precampaña? Ni 50 días aguantó la alianza que, en aquel estado, murió antes de nacer… A propósito de bandazos, hay gobernadores del PAN que gritaban a los cuatro vientos su respaldo a Meade y ahora están pidiendo cita con Ricardo Anaya. Pregúntenle si no a Francisco Domínguez de Querétaro. ¿O traen doble juego?