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Arturo Sánchez Gutiérrez: Dinero de los partidos: error tras error

OPINIÓN

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A raíz de los sismos, en medio del dolor, los ciudadanos mostraron solidaridad, colaboración y responsabilidad. Los partidos políticos no pudieron hacerlo. Habría sido fantástico ver a los presidentes de los nueve partidos salir juntos para anunciar un compromiso de solidaridad. Prefirieron iniciar una competencia interesada para hacer propuestas de apoyo a los damnificados, sin una visión clara del problema y confundiendo las cosas. En los momentos de crisis se requiere actuar. Por eso, ante las limitaciones legales para que los partidos donaran directamente los recursos había que encontrar un mecanismo inmediato para trasladar recursos. La salida fue que algunos partidos pidieran al INE no recibir el financiamiento por algunos meses. Otros se mantuvieron en el nivel declarativo. Pero en todo caso prevaleció la desconfianza: Morena no confía en entregar su dinero a “la mafia en el poder”, o sea a cualquier institución o a cualquiera no cercano a su partido. Por su parte el PRI adereza su acción con una propuesta de reforma constitucional que busca eliminar a todos los “pluris”, como si solo ahí estuviera el problema de la credibilidad de los partidos y el costo de nuestra democracia.   La crisis requiere respuestas, pero salir de ella requiere reflexión y visión de Estado. El tránsito a la democracia implicó construir equilibrios políticos en los que el financiamiento público a los partidos era una variable importante, pero no la única. Junto con el dinero se desarrollaron procedimientos barrocos y caros de organización y capacitación electoral, un modelo generoso de acceso a los medios de comunicación, un complejo sistema de fiscalización, el establecimiento de topes de gastos de campaña y un largo etcétera enmarcado por mecanismos de vigilancia electoral y fuertes restricciones al financiamiento privado. Hoy esto se olvida.   El dinero público de los partidos es hoy un factor desestabilizador de la democracia ante la ciudadanía. Es importante corregir y construir nuevos equilibrios. Las propuestas van desde disminuir el financiamiento partidista, hasta eliminarlo. En medio de la crisis se ha propuesto de todo. Pero sería muy irresponsable hacerlo aisladamente, sin repensar el conjunto de variables que están involucradas en el costo de la política, sin buscar un modelo integral austero y eficiente de las prerrogativas a los partidos, sin reflexionar sobre topes de gastos y el efecto del financiamiento privado en la política, sin considerar integralmente el costo de los partidos en los estados. Más irresponsable sería hacer estos cambios sobre las rodillas, sobre todo cuando se quiere sumar a este debate el relativo al sistema de representación proporcional que desde 1979 permitió el acceso al poder a mayorías y minorías.   Hoy parece haber voluntad política para reducir el financiamiento. Hagámoslo sin contenidos electoreros y sin dañar el avance democrático, con solidaridad y sin más errores.   *Exconsejero del IFE