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Emerge también el desprecio a los políticos

OPINIÓN

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No hay sólo dolor por la tragedia. Hay indignación, rabia y asoma, peligrosa, la violencia. La activación de una sociedad vigorosa, presente siempre, cataliza también el repudio a los políticos y a lo político. Del Presidente de la República para abajo se ha perdido el respeto a la autoridad, también el miedo. Algo va a cambiar en México tras otro 9-19 cuando los ciudadanos, damnificados y solidarios, reclaman a los políticos, los retan, los persiguen, los vejan. Los desprecian. Lo vi el jueves 21 en San Juan Pilcaya, Puebla, antes y durante la estancia del presidente Enrique Peña Nieto en medio de un despliegue logístico federal y estatal, incluidos siete helicópteros y vehículos blindados. Universitarios de Puebla cargados de ayuda encontraron un muro militar del Estado Mayor Presidencial (EMP) que los obligó a caminar más de un kilómetro para llegar a la plaza pública de Pilcaya --epicentro del terremoto-- para repartir víveres y ropa. --¿Qué miran? ¡Ayuden! –reclamaron los jóvenes a los impávidos soldados armados con sus fusiles FX-05, inútiles en ese pueblo destruido. Por eso cuando Peña pasó frente a los universitarios, una de las jóvenes no se contuvo: --En vez de estarse tomando fotos, ¿por qué no traes comida? --¡Suerte! –le respondió Peña, y siguió tomándose fotos, mientras soldados repartían algunas tortas, lo único que entregó el gobierno además de un camión de la Cruzada contra el hambre. Otro reclamo a Peña fue en el Estado de México, su terruño: “!Agarre una pala!”, le gritó un hombre mayor para emplazarlo a remover escombros, a lo que siguió un choque de rescatistas con el EMP. “!Ensúciate las manos, cabrón!”, le gritaron al secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, a quien le arrojaron agua y le dieron un golpe en la nuca al acudir a un edificio colapsado. “No me importa, no estoy buscando cámaras ni buscando presencia. ¡A la chingada!”, me dijo Osorio y admitió el repudio popular a quienes lucran con la ayuda, como el gobernador perredista Graco Ramírez: “Las ganas inmediatas se dan, pero después se topan con pared muy cabrón, muy cabrón. En Morelos lo quisieron hacer, rápidamente la gente los mandó a la chingada”. Y sí: Graco la paga, pero también el gobernador panista de Puebla, Antonio Gali --“¡No nos han traído nada, solo se han hecho pendejos!”--, y el delegado morenista de Xochimilco, Avelino Méndez, expulsado a pedradas, insultos y golpes. En las redes sociales el desprecio a los políticos llega al exceso y a la crueldad: “Reportan fuga de gas en la Cámara de Diputados y Senadores. Urgen cerillos”, “Los políticos se están robando la ayuda. Zetas, ¿dónde están cuando se les necesita?” Más allá del desahogo popular y el propio desafío, lo que perfila la movilización social en curso es un sacudimiento a los políticos el próximo año, cuya dimensión es una incógnita...   Columna anterior: La violencia feminicida: más de 250 mil agresiones…