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Despertó el México profundo…, ahora sí

OPINIÓN

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Lo que sangra tiene vida e indudablemente ahora se aplica para la CDMX y los estados heridos por el gran terremoto, que ya modificó el rostro de la ciudad, del país, de nuestros valores y, sobre todo, nuestra conciencia de nación.   Porque ante la tragedia, se desvanecieron las divisiones y rencillas entre sociedad civil, gobierno, fuerzas armadas, policías, etcétera, en aras de rescatar de entre los escombros a los más que se pudiera y, lo que sigue, iniciar las labores de reconstrucción, tanto en infraestructura, como en lo emocional.   Y es precisamente de la cicatriz que dejará esta brutal experiencia, lo que definirá nuestro futuro como nación, de cara a la elección presidencial de 2018:   ¿Repetimos la historia que derivó del otro gran terremoto, el de 1985, cuando grupúsculos, encauzaron la fuerza ciudadana que despertó en aquel entonces, para sus ambiciones políticas, como René Bejarano y su grupo Nueva Tenochtitlán?   O, por el contrario, se mantiene esa organización y espíritu de unidad para obligar a los partidos, candidatos y clase política a ciudadanizar sus agendas en el ánimo de seguir construyendo la democracia, pero, sobre todo, sin el lastre de vividores de la política que sólo estiran la mano para encajarla a nuestro erario.   En otras palabras: sí necesitamos partidos políticos, pero quizá no los nueve que actualmente tienen registro y que al final son apéndices de alguno de los cuatro partidos mayores.   Y a los políticos debe quedarles claro que, después del terremoto, no basta prometer lo mismo o llamar a un cambio de régimen sin sentido.   Porque esta vez la ciudadanía volvió a comprobar que es más fuerte y noble que sus políticos: se reconcilió con sus gobernantes, con su Ejército y su Marina, y rebasó completamente a los que viven de la política.   Es el México profundo que describió Guillermo Bonfil Batalla, el que despertó sacudido por los 7.1 grados Richter del sismo del pasado 19 de septiembre y lo hizo con los valores de la bondad, solidaridad, incondicionalidad, fortaleza y unidad.   Una ciudadanía para la cual los partidos y políticos deben estar a la altura, pero están a años luz de retraso.   ***   La ineficacia y posibles corruptelas comienzan a brotar. Por ejemplo, en el colegio Rébsamen, donde murieron al menos 21 niños, operaba con uso de suelo falso, por lo que la Procuraduría capitalina, a cargo de Edmundo garrido, ya investiga. A ver qué opina de eso Claudia Sheinbaum, quien dice que la escuela operaba con todo legal.   ***   EN EL VISOR: Igual que ocurrió tras los sismos de 1985, el corredor Condesa, Roma, Del Valle se volverá a devaluar, por lo que empresas inmobiliarias están ávidas de comprar barato para luego vender caro inmuebles y terrenos. Si nos descuidamos, vuelven a hacer de las suyas al construir edificios con materiales de mala calidad y sin cumplir con las normas que se requieren para dichas obras. Ahí la autoridad tiene una tarea.   Columna anterior: Nuestro sueño wannabe asesinó a Mara