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¿Pactar con el diablo?

OPINIÓN

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La política es el arte de la negociación que a veces plantea compromisos cuestionables. El Fausto de Goethe cambió su alma al diablo por juventud y amor. Hoy los demócratas y en alguna medida los republicanos están en esa situación, con el presidente Donald Trump en el papel del diabólico negociante. Algunos, sin embargo, piensan que se trata de una táctica obligada por su propia debilidad y la urgencia por llevar su Presidencia más allá del escándalo provocado por sus "tuits" y las disensiones en su gobierno. Trump se acercó los últimos diez días a las minorías legislativas demócratas para establecer puentes que, por lo pronto, sentaron un acuerdo sobre deuda pública y sorpresivamente, un aparente trato en torno a la situación de los soñadores. Pero el acercamiento, que los líderes demócratas en el Congreso -el senador Charles Schumer y la diputada Nancy Pelosi- anunciaron el miércoles como un acuerdo, fue calificado el jueves por Trump, que aseguró simplemente que "estamos cerca", sujeto a "masivos controles fronterizos", pero aún no hay un trato. En el curso del día, la Casa Blanca modificó aún más al anunciar que "no habrá amnistía", como la "derecha nacionalista" y racista considera a cualquier programa que permita la legalización de indocumentados, y luego que sólo habría acuerdo sobre los soñadores si hubiera financiamiento para el muro fronterizo. La idea no es nueva y de hecho se manejó desde que se supo que Trump terminaría el programa que protege de la deportación a los soñadores. El anuncio demócrata de la noche del miércoles y la "aclaración" de Trump la mañana del jueves, provocaron una feroz reacción adversa de quienes se sumaron a su campaña presidencial atraídos por las ideas antimigrantes. Algunos en el partido republicano, posiblemente los menos, creen que resolver la situación de los soñadores permitirá abrir la puerta a minorías étnicas que hoy están abrumadamente identificadas con los demócratas. Pero hoy ese partido parece compuesto por blancos de clases media y baja, que parecen determinados a mantenerlo así. El flujo de información y los aparentes cambios de opinión no sorprendieron a nadie. Que un trato sea posible no está fuera de lugar. Pero no es seguro. Habría que interpretar la situación como una forma de "negociación" por parte del mandatario, que pone a los demócratas ante un pacto faustiano, con el diablo: soñadores por muro. Acceso al Presidente y su poder a cambio de concesiones políticas e ideológicas. En cierta forma es un equivalente del "plata o plomo". El problema es que hoy está en juego la suerte de los soñadores y la solución de su problema -que tiene la simpatía de la mayoría de los estadounidenses- a cambio de un triunfo que parecía lejano por la oposición al muro. Tal vez México y su gobierno deban prepararse para una oferta de ese estilo: ¿pagar el muro a cambio de no abandonar el TLCAN?   Columna anterior: El gobierno de Trump, en busca de nuevas herramientas