¿Quién protege al atacante del sacerdote en la Catedral?

OPINIÓN

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El 15 de mayo a las 6:40 de la tarde justo al terminar la misa, el Padre José Luis Machorro se encontraba dando la comunión, cuando Juan René Silva Martínez de 26 años de edad intentó degollarlo. No tuvo éxito en el momento, pero al final logró su cometido: antenoche los médicos declararon la muerte cerebral del sacerdote y ayer su corazón se detuvo. ¿Y el asesino? Hablemos de él: Originario de San Luis Potosí, Silva Martínez era un joven amante de la naturaleza; estudió Diseño Urbano en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y música en el Hermes Music Education Centre, según consta en su perfil de Facebook. En las fotografías por él publicadas se observa a un joven amante del montañismo, de los videojuegos --en especial de “Assassin’s Creed”- y con una vida social activa. Todo esto, como hacen notar amigos cercanos al Padre Machorro, contradice el expediente del caso (con folio FCI/ACI/UI-2C/D/0051/05-2017) donde se asienta que Silva Martínez padece “síntomas de Disociación de la Personalidad o de la Identidad”. Pero tal diagnóstico derivó en un principio a que el Juez de control Alejandro Cruz Sevilla del reclusorio Oriente declarara  inimputable al acusado. Aunado a eso, a los pocos días del ataque y a sabiendas de que el sacerdote se encontraba en Terapia Intensiva, convaleciente de la cirugía realizada para salvarle la vida e incapaz de poder hablar, fue citado el 19 de mayo a declarar. El 22 de mayo el mismo juez decidió vincular a proceso al acusado, ordenando diversos estudios que confirmaran o no la probable enfermedad mental de Silva Martinez, lo que, valga subrayarlo, deja abierta la puerta a que en base a los tratados que nuestro país ha signado para la defensa de los derechos humanos de los discapacitados, pueda salir en libertad y permanecer “bajo custodia de su familia”. Y eso, es inadmisible para los compañeros del Padre Machorro y miembros de la jerarquía religiosa. Porque para ellos es muy claro que las aficiones, gustos y publicaciones de Silva Martínez, muestran a un joven tan normal como cualquier otro. Y las declaraciones de los testigos del atentado en Catedral dan como resultado también que el presunto responsable si sabía perfectamente lo que hacía y contra quién iba. El mismo videojuego al que era adicto, advierten, requiere de una especial atención y raciocinio. Por todo ello, preguntan: ¿Qué o quién protege a Silva Martínez? ¿Por qué se le declara inimputable sin dictámenes o peritajes psicológicos realizados con seriedad? ¿En verdad Silva Martínez se encuentra separado de la realidad? ¿Con qué argumentos un juez puede declarar sin dictamen de por medio, inimputable al responsable del ataque? Va más allá su desasosiego: ¿Se trata de una persecución religiosa? -0- GEMAS: Obsequio de Donald Trump para Enrique Peña Nieto: “Quiero que sean tan popular que tu gente pida una enmienda constitucional para que puedas competir de nuevo por otros seis años”.  marthamercedesa@gmail.com   Columna anterior: División pánzer a mesa de estatutos