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De ‘Chico Maravilla’ a ‘Niño Llorón’

OPINIÓN

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Ricardo Anaya Cortés, presidente del PAN, está frente a la disyuntiva: pasar a la fila de los políticos probos o formarse en la fila de los corruptos. En medio de los cuestionamientos sobre su enriquecimiento y el de su familia política, Anaya ha decidido emprender su defensa mediática y política, más no jurídica. No ha desmentido una sola de las propiedades y negocios que le atribuyen. Prefirió la retórica a la transparencia. Dice ser honesto, en lugar de probarlo. Confía en que su palabra pese más que las evidencias. ¿Por qué? Porque lo dice él. Ricardo Anaya nos sorprendió a todos con su buen desempeño como Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Tenía apenas 34 años. Incluso, hizo sacar el pecho a muchos cuando reclamó al entonces embajador de Estados Unidos en México, Anthony Wayne, al conocerse el espionaje del gobierno de Washington al expresidente Felipe Calderón y al entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto. Le recordó el apotegma de Benito Juárez y le exigió una investigación profunda, breve y de resultados. Nada de eso pasó, pero él quedó muy bien. Tan bien, que se ganó el mote de ‘Chico Maravilla’. Luego vino su salto a la presidencia del PAN. En 2016, comenzó a coquetear con la idea de ser candidato presidencial. Pero, primero debía sacar bien las elecciones. De la mano del PRD, obtuvo resultados históricos que se atribuyó a título personal, hasta que las críticas le regresaron los pies a la tierra. Envalentonado, la noche de aquel 5 de junio destacó en un debate televisivo. Todo le salía bien al ‘Chico Maravilla’, que parecía dejar atrás una ‘historia negra’ solo conocida en su natal Querétaro. Le platico un eslabón. Ricardo Anaya fue el coordinador de la campaña del panista Manuel González Valle y perdió la gubernatura. Además, el PAN fue multado por el Instituto Electoral de Querétaro por haber excedido el tope de gastos de campaña en 6.2 millones de pesos. También se descubrió que supuestos donadores de aquella campaña eran falsos. Desde entonces, surgieron dudas sobre los ingresos y el patrimonio de Anaya. Dudas que revivieron en noviembre de 2016 cuando se supo que su familia vivía en Atlanta, Estados Unidos, y que él viajó cada fin de semana a verlos, durante dos. Gastos que de ninguna manera se justificaban con sus ingresos públicos. Ante las evidencias de su enriquecimiento casi exponencial -y el de su familia política-, recurre a culpar al PRI-Gobierno y les declara la guerra. ¿No sería mucho mejor que, con lo transparente que dice ser, demostrara rotunda y contundentemente las mentiras del ‘compló’ y lo honesto que también dice ser? Así, confirmaría que no es el ‘Niño Llorón’ que le dijeron desde el PRI. Bon appétit Héctor Astudillo, gobernador de Guerrero, sacó buena nota. Presumió que hoy, el 100% de los maestros de su estado están trabajando en las aulas. Escenario muy distinto al de confrontación y paro magisterial de hace dos años. Columna anterior: Nemer, clave para el 2018