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Mancera sueña, su policía reprime

OPINIÓN

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Aura vive en la colonia Santa María Ticomán, a las faldas del cerro, en un barrio donde todos se conocen y los carniceros del mercado saben qué corte le gusta a cada uno de los vecinos. Los miércoles era un día especial: temprano llegaba el tianguis sobre ruedas y Aura iba con su abuela a comprar aguacatitos.

“Lo más emocionante era pasar por los guajes y los cochecitos que la señora de los juguetes me prestaba”, recuerda Aura.

Santa María Ticomán es un barrio de gente trabajadora que padece asaltos, robos, la inseguridad que lastima e indigna a unos ciudadanos despojados de ciudadanía: cuando no es la violencia, es la batalla de todos los días para que el gobierno de la Ciudad de México atienda sus quejas y peticiones, como ese proyecto inmobiliario que recién comenzó y que les ha robado el agua, el sueño y hasta la libertad de tránsito.  

Este martes un grupo pequeñito de vecinos decidió protestar contra las obras. Uno de ellos bloqueó la calle con su auto y otras cuatro o cinco personas se le unieron.

Eran las 8:50 de la mañana cuando alguien gritó que ahí venían los granaderos. No saben cuántos eran pero en este video (https://www.facebook.com/socorro.oriol/videos/10214804008833564/) aparecen más de cincuenta. Se formaron a un costado de la calle. Algunos se burlaban de los vecinos.

“No nos vamos a mover”, advirtió uno de los vecinos.

De pronto se escuchó la voz de uno de los policías:

“¡No esté de escandaloso, señor!”

La escena es confusa. Uno de los uniformados encara a uno de los señores. Hay empellones y golpes y en un chasqueo de dedos lo rodean tal vez once policías. Seis arrinconan al vecino cerca de un muro. Lo golpean en la cara, en el cuerpo. Cae y lo tunden a patadas en el piso. “¡Apoyo!”, grita uno y llegan más. A medio metro, un perro ladra.

“¡Déjalo, puto!” Grita una mujer. “¡Culeros!”.

Cinco policías someten al vecino. Está contra la pared, sangrante, humillado, indefenso, cuando llega otro agente y le pega una patada.

A unos pasos, tres policías rodean a una mujer:  la golpean.

“¿Esa es la gente que nos protege?”, ruge una vecina, pero los policías están fuera de control: uno toma por el cuello a otro hombre y quizá diez policías lo patean, lo golpean, le gritan de todo.

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México reporta 15 recomendaciones no atendidas por brutalidad policiaca. Solo este mes, vecinos de distintas colonias han denunciado por redes sociales al menos diez ataques de la policía capitalina.

Esta historia en Santa María Ticomán debería sumarse a las recomendaciones que tiene pendiente el gobierno de la ciudad.

Mientras Mancera sueña, su policía reprime.     Columna anterior: La ley Kumamoto, triunfo ciudadano