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Trump, su fracaso como presidente

OPINIÓN

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Una de las obligaciones del trabajo de presidente de Estados Unidos es la de ser un unificador nacional en tiempos de crisis, de tratar de resanar heridas y fracturas. Pero eso exige tender la mano y tratar de hacerse oír y conciliar por encima de divergencias políticas y raciales, o a veces de ser el encargado de consolar a un país en estado de shock. Parte del trabajo es también, al menos en teoría, la idea de buscar puentes con la oposición, y si no otra cosa, tratar de convencer de apoyar tal o cual política. Donald Trump no ha hecho ni lo uno ni lo otro. De hecho ha introducido más elementos de polarización en el debate político estadounidense que cualesquiera de sus antecesores recientes después de la Segunda Guerra Mundial. La prensa estadounidense ha hecho eco de señalamientos sobre la división del país, una en la que Trump parece determinado a gobernar sólo para quienes votaron por él. Pero muchos de los que lo apoyaron comienzan a tener serias dudas y temen que de hecho pueda ir demasiado lejos. La que según el diario USAToday fue "la semana más tumultuosa de la Presidencia de Trump", un periodo de casi siete meses que ha sido más que tumultuoso, comenzó con amenazas de desencadenar "fuego y furia" contra Norcorea y terminó en el asesinato en Charlottesville. Continuó luego con su literal legitimación de neonazis y nacionalistas blancos, en un hecho sin precedentes y su práctico enfrentamiento con todo el aparato político estadounidense -excepción hecha de líderes neonazis que como David Duke lo felicitaron por su "honestidad". De hecho, la mayoría de los senadores y diputados estadounidenses, incluso los republicanos, expresaron su condena por la mano tendida al nazismo. Ciertamente es una sinceridad que la mayoría de los estadounidenses no agradece y es una que pone a su país ante un espejo muy sombrío. Un reporte de la revista The NewYorker indicó que un panel de expertos concluyó que Estados Unidos enfrenta la posibilidad de una guerra civil. 35% de posibilidades para ser precisos, en el marco de los próximos 20 años. Algunos comparan el momento actual con la etapa que precedió a la Guerra Civil de 1861-65 en torno a la cuestión de la esclavitud; otros son optimistas. Pero todos coinciden en que hay serias dudas respecto a las instituciones en un país que por muchos años ha confiado en su institucionalidad para superar problemas. Es por eso que el papel de Trump se agrava. En vez de ser una "curador", un consolador, es un atizador de problemas y su estilo político, peleonero y bravucón, ayuda poco a suavizar tensiones que parecen crecientes. Hacia donde van las cosas nadie sabe, pero los escándalos políticos alrededor de la presidencia Trump y la división alentada por ellos parecen ir en constante crecimiento y multiplicación. Y en ese sentido, al margen de cualesquier éxito que pueda tener y a reserva de sorpresas, la Presidencia de Trump es un fracaso.   Columna anterior: Trump se quedó corto: fue demasiado lejos