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¿Por qué Morante?

OPINIÓN

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El toreo, sin ti, pierde sentido y sustancia. Contigo se van el alfa y el omega; el principio y el final. ¿Quién completará el círculo mágico del toreo? Queda una sensación de tremendo desencanto. Y hablo sólo por mí... Pero dejas a miles sin un padre taurino. Matas al espejo que humedece la tremenda verdad del genio; la exultación del aficionado precoz; la locura del pobre e irredento, la virginidad del descastado. Espero que tu capricho no sea más que una espantá ante el toro de la vida. Nos dejas sin tu aroma, sin tu empaque, sin tu sello... Sin la melodía fantástica y callada, sin nuestra música silente del toreo (recordando a Bergamín).
¿Te lloraremos unos años mientras rumías tu tristeza? ¿Te veremos de nuevo cuando regreses de tu capricho? Estoy seguro que algún día estarás de vuelta en el albero, con tu sonrisa socarrona. Eres, a propósito del Paula y Juan Posada, "el sueño corto y apasionado de un romántico aficionado".
Apenas el fin de semana anterior, la plaza de toros de San Sebastián fue testigo de la que, en teoría, fue la última corrida de toros lidiada por José Antonio Morante Camacho "Morante de la Puebla". Quizá por impotencia, por hastío, por hartazgo, el genio andaluz decidió ponerle punto final a una carrera de claroscuros. Desencantado, Morante se quejó del tamaño de los toros que se lidian en España, de los presidentes (jueces de plaza) y del toreo en general. Imposible pasar por alto que el genio de la Puebla Del Río se encuentra sumido en un bache anímico y taurino. Se le nota abúlico. Deambula como fantasma por las plazas. No está en su mejor momento. Se pasó de maduro y el ritmo frenético del toreo actual le ha pasado factura. ¿Se queja del toro grande? ¡Siempre ha ido cómodo, por Dios! Tanto en la Península como en México. Lo de Morante es una depresión crónica que, esperemos, se esfume con el tiempo. A los genios hay que darles distancia y llevarlos muy templados. Con ellos no valen la prisa y el nervio. Ni la bisutería . Con los que sueñan el toreo hay que andar despacio, muy despacio. Ya reza aquel viejo adagio taurino que "las prisas son para los rateros y los malos toreros". A tu aire, Morante. Aquí esperamos con el recuerdo vivo de tu media histórica en Sevilla... Y la tarde de locos en Jerez. Tus tardes diáfanas en todos los rincones próximos a tu bahía gaditana. O aquella tarde madrileña de 2009 en la que inventaste el toreo a la verónica de una vez y para siempre. Ése día sagrado en el que Antoñete te brindó una ovación ¡Menuda cosa! Los morantistas de cepa esperaremos con austera resignación su vuelta. Así son los genios. Volubles como la marea. Van, vienen, pero a veces no regresan...
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