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Trituran expedientes en Tláhuac

OPINIÓN

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La tarde del 8 de agosto el procurador Edmundo Garrido estaba reunido en sus oficinas con víctimas de Tláhuac, entre ellos dos periodistas locales linchados y sentenciados en redes sociales por escribir parte de la historia de la red de corrupción en la delegación, así como de la criminal de El Ojos, jefe del cartel de Tláhuac, abatido por la Marina el 20 de julio. Era el primer encuentro con afectados de la demarcación famosa por sus fiestas patronales. Garrido escuchaba atento los testimonios y hacía anotaciones en una libreta. Quienes estaban frente a él notaron un cambio de semblante. De pronto el procurador tomó el teléfono y ordenó la presencia inmediata de ministeriales de la 50 Agencia Investigadora a quienes ordenó abrir de forma urgente una nueva carpeta de investigación con los testimonios que en los últimos años las víctimas no pudieron iniciar en la agencia de Tláhuac porque al presentarse los funcionarios sabían todo de ellos. Entonces, mejor volvían a sus casas temblando de miedo y derrotados por la justicia. Rodolfo Ríos, el antecesor de Garrido que dejó el cargo una semana antes de la inusitada operación de la Marina, nunca estuvo enterado del horror en Tláhuac, lo que exhibe protocolos arcaicos desde el área central para enfrentar la nueva realidad que vive la capital. Urgen cambios en el aparato de justicia o desde el interior del Palacio de Ayuntamiento seguirán creyendo que gobiernan una ciudad rosa. Garrido, por fortuna, tomó una decisión esa misma tarde. En la mañana siguiente agentes de la Policía de Investigación de la Procuraduría local vestidos todos de negro tomaron el edificio delegacional. Dos elementos se dirigieron presurosos a recursos humanos en busca de expedientes. Buena parte de los documentos por los que iban, sin embargo, habían sido triturados por órdenes de María Eugenia García Barragán, jefa de asesores del jefe delegacional Rigoberto Salgado. Los agentes no saben si fue coincidencia, pero el momento de la destrucción ocurrió más o menos a la misma hora de la reunión del procurador con las víctimas. Se trataba de los documentos que firmó Salgado para contratar amigos y parientes de El Ojos en su administración y de los papeles personales de éstos. Las autoridades buscan copias en la dirección de la administración de personal del gobierno de la CDMX porque todas la nominas delegacionales se centralizan. La policía además tiene dos computadoras decomisadas a García Barragán y a Gabriel Ángeles, ex secretario particular de Salgado, desde las que se atacaban a los periodistas locales que se reunieron con el procurador. Ángeles había dejado el cargo pero seguía trabajando para Salgado y desde Factoría de Ideas, una sospechosa consultoría en comunicación e imagen, contigua al edificio delegacional, movía redes falsas para intimidar a los críticos del gobierno de Rigoberto. En esta historia aún falta mucho por descubrirse.