Dólares y Euros en territorio zapatista

OPINIÓN

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    San Cristo?bal de las Casas es esta ciudad encantada que se construyo? con la bon?iga de caballo, la paja de trigo o la juncia de ocote; la clara de huevo y la viruta de pinabeto, como en los cuentos de hadas”. La cita es de Andre?s Aubry en el libro San Cristo?bal de las Casas: su historia urbana, demogra?fica y monumental 1528-1990. Aubry, un france?s que amo? profundamente Chiapas, conocio? a Ange?lica Inda en Chenalho? en los an?os 70, justo cuando necesitaba una persona que le ayudara a capturar, ordenar y traducir sus ideales del france?s al espan?ol y del espan?ol al tzotzil. Ambos fueron reconocidos directores del Archivo Histo?rico Diocesano y trabajaron extensamente en la transformacio?n de la realidad social de las comunidades indi?genas y la investigacio?n antropolo?gica e histo?rica de Chiapas. Hoy es necesario releer el trabajo de Audry, siempre asistido por su entran?able compan?era Inda, a la luz de la transformacio?n de la ciudad que en 1994 se convirtio? en un potente si?mbolo del levantamiento y la lucha zapatista contra el modelo neoliberal.
Pocas ciudades revelan tanto desde la observacio?n como esta ciudad que en palabras de Audry nacio? de un combate y despue?s se forjo? al paso de temblores, inundaciones, culebras de agua y vendavales; crisis econo?micas y aislamiento. “Esta era una casa y alla? enfrente habi?a otra y ma?s alla? otras ma?s”, cuenta Ricardo Herna?n- dez, quien con su esposa Carmen ha trabajado largo tiempo con distintas indi?genas en distintos proyectos sociales. Esta casa donde se encuentra el restaurante Belil, propiedad de Herna?ndez, como decenas del centro de San Cristo?bal, fueron desocupadas por sus duen?os para venderlas o rentarlas a otros restaurantes, tiendas de disen?o de a?mbar y textiles, entre otros negocios que han transformado su espi?ritu original. Ahora cada vez menos familias viven en el centro; la economi?a de la ciudad ha desplazado a sus vecinos. “El valor del suelo se ha ido a las nubes”, dice Carmen, quien durante muchos an?os trabajo? cerca del obispo Samuel Ruiz. “La mayori?a de las operaciones son en do?lares y en euros; la vida se ha encarecido y la dina?mica econo?mica de esta ciudad histo?ricamente austera ha crecido al margen del beneficio social”. Herna?ndez relata que las distintas transformaciones de San Cristo?bal los han llevado a modificar con frecuencia la orientacio?n de su trabajo social. Ambos veni?an de la militancia con organizaciones campesinas; en 1994 entraron a la pacificacio?n y de ahi? saltaron al poder local y de municipios; ma?s tarde a cultura de paz y ahora a lo que ma?s les preocupa: economi?a social y local, ambas muy afectadas por la apertura comercial. Las organizaciones campesinas –relata Herna?ndez– se politizaron y trasladaron la produccio?n a un segundo plano. Tambie?n entra en juego el comercio informal; no la sen?ora que cocina tamales para venderlos, sino las redes de vendedores ambulantes que han invadido San Cristo?bal de textiles que son maquila.