El 'no-fraude” de 1988

OPINIÓN

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Por: Ricardo Pascoe Pierce Muchos electores en 2018 ni siquiera habían nacido en 1988, hace treinta años, cuando el sistema político priista cometió un fraude electoral contra el candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas y permitió que el priista Carlos Salinas de Gortari tomara el poder, en lo que equivalió a un golpe de Estado técnico en México. Tampoco recordarán que los siguientes tres años fueron un baño de sangre contra miembros del recién creado Partido de la Revolución Democrática, asesinando a más de 500 militantes a manos de aparatos de seguridad del Estado mexicano, encubiertos por una política de un régimen de terror. Es importante recordar el pasado para entender el presente. Manuel Bartlett, quien era el secretario de Gobernación en ese momento histórico y Presidente de la Comisión Federal Electoral, decidió hablar sobre ese evento, después de 30 años. La Comisión Federal Electoral era el responsable legal de organizar el proceso electoral, vigilar su desarrollo, recibir y computar los resultados y anunciar los resultados oficiales. Por tanto, Bartlett era juez y parte de los comicios, pues él mismo quiso ser el candidato presidencial del PRI, aunque no resultó agraciado con ese nombramiento e, incluso, se rumoraba que quedó muy lastimado por el proceso interno que arrojó, entre otras cosas, la exclusión de la Corriente Democrática del PRI. Hoy Bartlett es legislador de Morena, aunque disfrazado de PT, y es férreo defensor de Andrés Manuel López Obrador, especialmente cuando el líder de ese partido ataca lo que ha calificado como la mafia del poder. Uno se pregunta: ¿cómo es posible que Bartlett, miembro y destacado operador de la mafia del poder, pudiera ahora ser destacado morenista? ¿Es, de verdad, cierto que la palabra de AMLO tiene un efecto purificador ante actos de contrición de políticos reciclados? ¿Es sacerdote o pastor? Recientemente Cuauhtémoc Cárdenas le pidió públicamente a Bartlett que “dijera lo que sabía” sobre las elecciones de 1988. Bartlett le complació a Cárdenas, en lo que parece ser una confesión pública arreglada. Bartlett da su versión de los hechos, obviamente muy favorablemente a su persona. Lo más significativo es la afirmación de que Salinas no ganó la elección, pero de que también no se operó un fraude cibernético, como si eso fuera un gran atenuante, sino una manipulación de cifras que, después, recibió el aval del PAN cuando se acordó, dice que con el concurso de Diego Fernández de Ceballos y Felipe Calderón, la destrucción de las boletas electorales para que no quedara prueba del hecho. Insinúa que la responsabilidad de todo fue, en última instancia, del PAN y de innombrables e imprecisos emisarios oficialistas, pero no del PRI, ni siquiera Salinas y ciertamente no de él, Bartlett, secretario de Gobernación y Presidente de la Comisión Federal Electoral. Según ésta versión, no hay delito que perseguir, porque sólo existe un debate político sobre acontecimientos que van quedando en la neblina de la memoria histórica. Incluso dice, con frialdad psicopática: “¿No es absurdo decir que fue el fraude, la caída del sistema? ¿No es absurdo? Pero es muy fácil, es el chivo expiatorio”. Ahora resulta que él sufre por ser el chivo expiatorio del “incidente”, por ser señalado como el operador de la “alteración de los resultados” de una elección presidencial y haber propiciado un golpe de Estado técnico. La ausencia de culpa alguna es una de las características prominentes de una personalidad sociopática. Aún con todas sus dotes de sacerdocio, AMLO no podrá expiar esa ausencia de culpa en el caso de Manuel Bartlett. ¿Por qué fue un golpe de Estado técnico? Se violentó la ley de todas las maneras posibles para imponer un presidente ilegítimo en el poder, incluso con el uso de muchas formas de presión, chantaje y compra de voluntades, incluyendo el asesinato. ¿Es poca cosa? Se impuso un presidente y él, Bartlett, lo declaró ganador, y calló 30 años. ¿Lo dice ahora que tiene fuero constitucional? O, peor, ¿lo dice ahora para que le aseguren fuero otros años más? Según lo confesado por Bartlett, violentaron la ley para que el PRI no perdiera la Presidencia. Y él lo operó. ¿Hay delito que perseguir? ¿El fuero constitucional lo protege? Probablemente no estaría protegido en un mundo perfecto, pero sí le protege el hecho de que quienes lo pudieran acusar-los partidos de izquierda-son hoy sus camaradas. Bartlett fue perdonado por la izquierda. No le preguntaron nada ni le pidieron que justificara o explicara su conducta en esos tiempos aciagos. Es un aliado importante de AMLO y Morena. Esa alianza conlleva un mensaje importante: el fraude cometido en mi contra es delito, pero cometido contra mis enemigos es anecdótico y se tendría que probar. ¿Cárdenas es enemigo de AMLO? ¿Así están viviendo la cosa? Esa alianza es prueba viviente de que la alternancia electoral, sin reforma del Estado, no ha resuelto, ni resolverá, los problemas de México. Mientras persisten las complicidades sin distingo de colores, la tristeza, el desasosiego y la desconfianza dominarán la vida nacional. ricardopascoe@hotmail.com @rpascoep