¿Al gusto de quién?

Que los partidos muestren disposición a deponer sus ofertas ideológicas por un interés superior es una idea loable

OPINIÓN

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Ya estamos en plena deliberación nacional para definir el rumbo del país el próximo año. Ha empezado la cuenta regresiva y las alternativas ya están en el debate público. Aspiraciones, diagnósticos, proyectos, ofertas y estrategias, se debaten no solamente en los espacios partidistas, también en los sociales, entre los ciudadanos, los académicos e intelectuales. Y una idea prevalece, la necesidad de que el país cambie de rumbo y sea gobernado desde otra plataforma distinta al PRI y a su estela de corrupción e ineficacia. Una de las alternativas que se está explorando es la posibilidad de conjuntar una alianza opositora al PRI. Está bien, y es loable, que los partidos muestren disposición a deponer sus ofertas ideológicas por un interés superior, rescatar al país del gobierno priista y encauzarlo por una mejor senda. El frente, alianza, coalición, o como se le quiera llamar, es una buena opción en un contexto de equilibrio de fuerzas políticas y en la perspectiva de que los mexicanos puedan optar por una oferta reconciliadora, en lugar de una polarizadora o de confrontación. En contraste al pleito y la división eterna entre los partidos, a los que pareciera que les importan más sus objetivos que los del país, la propuesta del frente apunta a anteponer a sus ideologías lo que es bueno para la nación; y sin duda, hacer lo correcto es un ideal más amplio e incluyente. Sin embargo, esta alternativa debe explorarse más allá de la óptica de un modelo, estereotipo o esquema ideal, debe buscarse más allá de lo que opinen los partidos y los ideólogos; y los liderazgos no deben imponer sus perspectivas teóricas a la necesidad, más bien práctica, que representa la alianza. La deliberación debe llevarse a la sociedad, escuchándola por todos los medios posibles, tomando en cuenta su sentir. Y así como el planteamiento del frente tiene un origen pragmático, así también debe construirse el programa y definirse el abanderado o abanderada, no necesariamente coherente con un modelo ideal, o de libro. Cuando está de por medio un país, la coalición es un medio válido y legítimo para impedir la continuidad de quienes estando hoy en el poder, han visto fracasar sus políticas y teñir de corrupción su gestión. El objetivo es claro: sumar fuerzas para hacer a un lado el dique que impide el desarrollo justo y equilibrado de la nación, al gusto de la sociedad, no de los partidos. Diacrítico: Una alianza o frente corre el riesgo de ser un pacto cupular, el riesgo de surgir de la pugna interna de los partidos como mero mecanismo de los derrotados y frustrados para detener a los adversarios partidistas; y así, desde su origen pintar a fracaso. El frente debiera surgir de una amplia consulta a la sociedad, y no sólo de figuras individuales con la óptica de mover esquemas a modo. Columna anterior: Prender las alarmas