Mariana Gómez del Campo: Con el "Jesús" en la boca

OPINIÓN

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Según datos oficiales, en el primer cuatrimestre de 2017, se han registrado 335 denuncias por asesinato, la peor cifra desde 1998 en que se alcanzaron 309. Datos de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo en Pequeño de la Ciudad de México señalan que 7 de cada 10 negocios han padecido algún tipo de acto delictivo. El uso de armas de fuego es el más común de los delitos, pues su incidencia se incrementó del 8 al 20 por ciento en un año. Por si fuera poco, la percepción de inseguridad va en incremento, datos del INEGI señalan que el 90 por ciento de los capitalinos cree que la ciudad es insegura. Lo indignante es que las autoridades capitalinas culpan al Sistema de Justicia Penal Acusatorio, que se caracteriza por ser garantista de los derechos humanos. Aunque el Sistema ha cambiado la forma en que se impartía justicia, no se ha asumido plenamente la responsabilidad de instruir y capacitar a policías, fiscales y ministerios públicos pese a que se tuvieron ocho años para ello. La negación tiene una razón: la incapacidad de aceptar la realidad y abordarla desde la raíz. La ciudad requiere detonar el crecimiento económico y empleos para que los jóvenes no sucumban ante el “atractivo” de la delincuencia. Recuperar la seguridad no sólo es cuestión de más policías, más patrullas y más videocámaras. ¿Cuántos miles de millones de pesos se han destinado para la adquisición y arrendamiento de patrullas y cuántos a dar créditos a microempresarios y a emprendedores?
Por desgracia, el narcomenudeo se disputa zonas de la ciudad y prácticamente todos los delitos de alto impacto han aumentado. Mientras las autoridades nos han dicho una y otra vez que en la CDMX no operan los cárteles, resulta que de acuerdo con datos de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos recabados en el informe “México: Actualización de la Evaluación del Tráfico de Drogas”, en la Ciudad de México operan al menos cinco grupos de narcotraficantes: el Cártel de Sinaloa, Los Zetas, los Beltrán Leyva, el Cártel del Golfo y los Caballeros Templarios. Estamos viviendo una crisis en materia de inseguridad posiblemente más severa que aquella que nos motivó a miles de capitalinos a salir a las calles a manifestarnos de blanco en 2004 cuando López Obrador era Jefe de Gobierno. Pensar que seguir haciendo lo mismo nos dará resultados diferentes, es simplemente un error. Necesitamos hacer una pausa y replantearnos la estrategia de seguridad de la capital. Necesitamos una estrategia que parta de la premisa social y económica más que de una premisa reactiva y policíal. Si no se generan las condiciones de empleo y bienestar que demandan los jóvenes no habrá cárceles suficientes. Si más del 70% de la economía está en manos de las micro y pequeñas empresas es hora de voltear a ellas y apoyarlas al máximo. Estamos a tiempo de pasar de una ciudad en la que vivamos con el “Jesús en la boca” a una donde se cuente con el sustento y la tranquilidad en el hogar.
  *Senadora por el PAN