Los Estados (des)Unidos...

OPINIÓN

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Hoy es el aniversario de la Declaración de Independencia e los Estados Unidos. Pero es también el marco para un país en profundos problemas. Una nación que al menos en la alarmada visión del historiador Richard Striner, se encuentra en una grave crisis, tan profunda que según el mismo analista parecería encaminarse a una segunda Guerra Civil, como la que ocurrió entre 1861 y 1865. Cierto, la opinión de Striner podría estar influenciada por la ferocidad del actual debate político estadounidense. La intensidad es tal que la polarización política y social ha dividido familias y comunidades, separado al país en bandos diferentes y partidarios y adversarios del ahora presidente Donald Trump consideran que los otros están empeñados en destruir a los Estados Unidos. Cada lado tiene nociones y razonamientos diferentes pero Striner -como la mayoría de los historiadores estadounidenses- atribuyó la principal responsabilidad a las acciones y formulaciones políticas emitidas y seguidas por la extrema derecha, de las que se hacen eco el ahora presidente Donald Trump y sus aliados. La declaración de independencia estadounidense ocurrió el cuatro de julio de 1776 y al margen de lo que se piense de ella, esa nación ha hecho enormes progresos desde entonces. Pero contra todo lo esperado y aún deseado, ha dejado enormes problemas sin resolver, especialmente en lo que se refiere a su propia identidad social. De acuerdo con el analista Howard Fineman, entre los grandes debates estadounidenses sin resolución está en quién o quiénes pueden ser considerados como seres humanos y consecuentemente quién es o puede ser considerado como un estadounidense. Eso en alguna medida está en el centro del debate actual. No solo en lo que se refiere a inmigrantes, legales o ilegales, sino también en cuanto a los derechos de la mujer o de las comunidades con preferencias sexuales diferentes. Ahora el debate abarca a lo que en Estados Unidos pasa por izquierda o derecha. El poder está, al menos en estros momentos, en manos de los grupos derechistas menos preparados, mas intolerantes y menos abiertos a las diferencias de cualquier tipo. Donald Trump llegó al poder cortejando abiertamente a ese sector de la sociedad y la profundidad de los sentimientos que explotó puede reflejarse en que sus seguidores no vacilaron en ir contra de sus propios principios éticos o sociales para votar por él. Pero eso excluyó a una mayoría de los estadounidenses y eso se hace cada vez mas evidente en la división provocada por Trump, que Striner comparó como hecha con un cuchillo. Lo diferente, apuntó el historiador, es la fuerza que parecen tener los extremos y hacen temer una situación que lleve a otra guerra civil.   Columna anterior: Trump: una frustración preocupante