¿Qué tan vulgar es vulgar?

OPINIÓN

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Para una politica en la que los insultos se disfrazan con referencias al "distinguido caballero" la llegada de Anthony Scaramucci a la jefatura de comunicaciones de la Casa Blanca podría ser vista como un choque. Sin haber cumplido una semana en el trabajo Scaramucci provocó su primer escándalo al usar expresiones de enorme vulgaridad al referirse a Reince Priebus y Steve Bannon, sus posibles competidores por el favor del presidente Donald Trump. Scaramucci lanzó su queja en una llamada telefónica al reportero Ryan Lizza, del célebre semanario "The NewYorker", y aunque luego buscó matizar sus expresiones el recuento quedó para la historia. Y no solo no fue desautorizado por Trump, sino que Priebus fue relevado el viernes y en su lugar quedó el general retirado John Kelly, ya exsecretario de Seguridad Nacional, del que se espera ponga orden en una Casa Blanca que parece caótica. Y quién sabe si necesitará un lenguaje cuartelero para hacerlo. Kelly comandó soldados de infantería de marina, quizá los mas duros en las Fuerzas Armadas estadounidenses y a diferencia de su belicoso jefe -que eludió el servicio militar- vio combate. Su designación ha sido bien recibida, sobre todo porque la situación del gobierno Trump parece como un desastre en espera de ocurrir y se espera que Kelly resuelva el problema -si Trump se lo permite-. A seis meses de gobierno Trump tiene poco que mostrar pese a que los republicanos controlan la Casa Blanca, el Senado y la Cámara Baja, y en términos ideológicos, al poder judicial. Pero el mandatario es calificado como "el vulgarista en jefe" por su afán de ostentación y el escaso tacto demostrado durante la campaña presidencial, prolongado con el uso diario de "tuits" que crean por lo menos confusión política. Pero también sería cierto afirmar que no pocos piensan que el gobierno Trump es el reflejo del deterioro de un sistema donde el tradicional juego de cortesías, que disfrazó la dureza de la política estadounidense, ha quedado deshilvanado por la polarización ideológica en los últimos 30 años. Scaramucci -como Trump- se enorgullece de haber salido de Wall Street donde ganó millones de dólares como consejero de inversiones, como si fuera una justificación de la vulgaridad o de la exhibición de ambición desinhibida para establecer su primacía cortesana. Ciertamente puede ser parte del mas amplio proyecto del presidente Trump para "vaciar el pantano", de un plan para sacudir las estructuras de poder o de disfrazar sus intenciones con el ensordecedor ruido de escándalos que a izquierda y derecha pintan un panorama deleznable de su administración. Y en ese sentido Kelly difícilmente puede poner orden en lo que se ha calificado como "la presidencia del caos". Hay toda una tesis política respecto al impacto que elementos nuevos pueden tener en un sistema político que muchos consideran como estancado y paralizado. Pero quién sabe si el estilo vulgar de la política sea lo que necesitan los Estados Unidos.   Columna anterior: Trump y "las criaturas del pantano"