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Delegado bajo sospecha

Dicen que quien ha sido policía no deja de pensar o actuar como policía.

OPINIÓN

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Rigoberto Salgado Vázquez, el cuestionado jefe delegacional en Tláhuac, no es un novato en la política, ni en la administración pública, ni en los temas de seguridad. De hecho, fue policía con un antecedente muy oscuro y hoy se encuentra en el ojo del huracán. Es cierto, hasta este momento no se conocen hechos concretos que lo vinculen con el narcomenudeo en la delegación donde ha vivido y trabajado gran parte de su vida. Dicen que quien ha sido policía, nunca deja de pensar o actuar como policía. Bajo esa premisa, es difícil creer a un Rigoberto Salgado Vázquez que hoy aparece como inocente, incluso ingenuo, no supiera nada de la poderosa organización de narcomenudeo en su demarcación. Salgado tiene un episodio muy negro en su historial. El 24 de noviembre de 2004, pobladores de San Juan Ixtayopan, en Tláhuac, quemaron vivos a dos policías federales y golpearon hasta la muerte a otro más. Los acusaban de ser robachicos. En realidad, trabajaban encubiertos en la investigación de actividades terroristas y de narcomenudeo. Rigoberto Salgado era el Director de Seguridad Pública y no ha explicado por qué tardó tantas horas el rescate de los policías. Once años después, Rigoberto Salgado se convirtió en Jefe Delegacional de la misma demarcación donde trabajó como Director de Seguridad Pública y ahí es donde surgen mis dudas. ¿Habiendo sido policía no prestó especial atención a los delitos en su delegación? Él dice que sí y que, en su momento, informó por escrito al gobierno de la Ciudad de México. Según Patricia Mercado, secretaria de Gobierno de la CDMX, Salgado solo solicitaba apoyo de seguridad pública, pero nunca mencionó el enorme problema de narcomenudeo en su delegación. ¿No le parece extraño que un exdirector de seguridad pública, hoy jefe delegacional, que enfrenta una de las bandas más importantes de narcomenudeo del centro del país no lo denuncie y sólo pida apoyo para seguridad pública? ¿Un expolicía, hoy delegado, en dos años de gestión nunca se enteró de las actividades de “El Ojos”? ¿Tampoco supo que los mototaxistas a los que tanto defiende, eran “halcones” del narcotráfico? Sin duda, hay muchas cosas que tendrá que aclarar Rigoberto Salgado. El aparato de Morena, su partido político, salió de inmediato a defenderlo con un argumento impecable: hasta ahora no hay pruebas que lo vinculen con “El Ojos” o con el narcomenudeo. Sin embargo, después del caso de José Luis Abarca, en Iguala, y de Eva Cadena, en Veracruz, no creo que López Obrador y su partido quieran correr el riesgo de pagar el altísimo costo político de haber impulsado y defendido a un narcodelegado. Candado. Fue un éxito el primer Seminario Internacional para repensar el futuro, organizado por Nueva Alianza y clausurado por Miguel Ángel Mancera. Por cierto, llamaron la atención comiendo juntos el propio Mancera, Luis Castro, presidente del partido, y el juez español, Baltasar Garzón. Columna anterior: El socavón se tragó las aspiraciones de Graco