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Bono social de Nafin: ¿Populismo financiero?

El bono emitido por Nacional Financiera hace unos días es, sin duda, una buena idea, pero no está exento de riesgos

OPINIÓN

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Hace una semana Nacional Financiera lanzó al mercado el primer “bono social”, con un valor de 4 mil millones de pesos. ¿Qué es eso? Se trata de un instrumento nuevo que recoge dinero del público para destinarlo a proyectos que tengan impacto social. El bono fue sobredemandado más de tres veces, y en estos días se ha celebrado que nuestro país emitió un instrumento novedoso de estas características. Los aspectos positivos del bono emitido son potencialmente muchos: (1) se abre un nuevo mercado para los inversionistas; (2) se puede tener alto impacto social en temas como equidad de género; acceso a educación; desarrollo de microempresas; etc. (3) de ser exitoso, abre la puerta para que el gobierno tenga acceso a otros recursos —dinero del público— con los cuales antes no contaba. Hasta ahí todo de maravilla. Pero hay un riesgo: estos bonos maduran y son pagados conforme se cumplen metas sociales específicas. Esto implica, desde mi punto de vista, un riesgo más elevado que otro tipo de instrumentos financieros. ¿Quién garantizará, por ejemplo, que en tal o cual comunidad financiada se alcanzó ‘equidad de género’? Los bonos sociales son una buena idea, pero exigen una metodología de seguimiento adecuado a cada proyecto. Esto se traduce a que el gobierno, Nafin y sus agentes colocadores, tendrán que garantizar que la asignación de los recursos levantados en la emisión ocurre bajo parámetros probados que permitan verificar el éxito del proyecto social, y luego cobrar los montos de crédito otorgados. Pero si esto no ocurre la pregunta es quién pagará los platos rotos o, en otras palabras, quién pagará el bono si no se cumplen las metas de equidad de género o de crecimiento de las microempresas financiadas. El bono de Nafin vencerá durante el próximo sexenio. La agencia Standard & Poor’s asignó hace unos días la misma calificación a este bono que la que tiene Nafin; es decir, lo calificó bien porque, según ella, “existe una probabilidad casi cierta de apoyo extraordinario por parte del gobierno, derivada de nuestra evaluación de su rol crítico en la ejecución de las políticas públicas, aunado a que la entidad tiene un vínculo integral con el gobierno”. ¿Qué significa todo esto? Que, si las microempresas, mujeres, jóvenes y otros grupos sociales no llegaran a pagar los créditos que les otorgue Nafin, pues no importará: el gobierno terminará pagando el bono social a su vencimiento. ¿Con qué? Con el dinero de nuestros impuestos. Emitir un bono social suena muy bonito y sofisticado. Pero debemos tener cuidado. No vayamos a abrir la puerta a un populismo legitimado en los mercados financieros. Sería el peor de los mundos: usar las bondades y el apetito financiero del mercado de bonos para disfrazar el regalo de dinero. Por lo pronto, los populistas pueden festejar. motacarlos100@gmail.com Columna anterior: Xóchitl Gálvez y su perfil para la CDMX