La CDMX y los cárteles del narco

OPINIÓN

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El operativo de la Marina y la SSP de la CDMX en donde fue abatido Felipe de Jesús Pérez Luna “El Ojos” y siete de sus presuntos cómplices, desenterró un debate en el que, parece, hay quienes tienen intención política -¿y electoral?- de generar la percepción de que en la capital del país hay uno o varios cárteles de la droga.   La idea se alimenta en varias tesis que parcialmente son verdad, pero que en conjunto representan una mentira completa.   Que operan células de distintos cárteles y que hay narcomenudeo en el Valle de México, es innegable. La capital del país y su zona conurbada representan el mercado de consumo más grande del país. Un dulce demasiado tentador para las bandas. Eso no es nuevo. Pero esas bandas criminales son distintas a un cártel.   Un cártel del narcotráfico, como el Jalisco Nueva Generación, el del Pacífico o Golfo, son grupos que abarcan toda la cadena del narcotráfico, de la siembra al trasiego, pasando por el almacenamiento y venta del drogas. Las bandas que operan en el Valle de México se dedican al narcomenudeo, pero no siembran ni trafican. En eso, las autoridades federales, como la PGR, la Marina, y el Jefe de Gobierno Miguel Mancera, tienen razón, aunque hay quienes quisieran que no fuera así y hubiera cárteles.   Aun si fuera cierto lo que algunos deslizan como posibilidad, la presencia de los cárteles –a decir de operativos y desenvolvimiento de grupos delincuenciales- no habría llegado con el gobierno actual, sino que se habría enquistado durante la administración de Marcelo Ebrard, comenzado su llegada el sexenio anterior, el de AMLO.   Sí, en la CDMX han caído varios líderes del narco que buscaban pasar desapercibidos y camuflarse en lo grande y poblado de la capital, de Héctor Beltrán Leyva a Dámaso López “El Licenciado”, pero eso es otra cosa.   Una crónica que ilustra cómo operan las bandas y quienes las encabezan, fue ofrecida a la Policía de Investigación de la PGJ DF por Raúl Franco Hernández, el 26 de julio de 2011, y retomada después por Reporte Índigo. El delincuente detalló los nombres de quienes asistieron a una reunión en octubre de 2010 en un rancho propiedad de Eznel Cortés “El Teniente” –quien trabajaba para Edgar Valdéz Villarreal-, al sur de la capital, en el Ajusco. En aquel momento, más de una veintena de criminales se dieron cita, entre ellos “El Compayito”, a quien se identificó como líder de “La Mano con Ojos”. Después supimos que “La Mano” era él y “El Ojos” fue el abatido en Tláhuac.   En esa reunión se habría acordado la disputa del DF.   “Llegaron aproximadamente 30 personas. Había carros de policía federal, me percaté porque iban rotulados. Como tenía hambre fui al pueblo a comprar comida y cuando regresé ya habían efectuado el quíntuple homicidio de la familia Sánchez Pérez”. Aquella no fue la primera ejecución que ordenaron, pero sí se trató de la primera masiva.   Las bandas criminales ahí están. Eso no está en duda. Pero son células, no cárteles del narco.   -Off the récord   En el primer círculo de AMLO no cayó nada bien la respuesta y actitud del jefe delegacional en Tláhuac Rigoberto Salgado. Nadie cree que no sabía ni estaba enterado. Las sospechas sobre sus complicidad crecen. Apuntan a sus lazos personales-familiares con “El Ojos”.   Columna anterior: Fe en la PGR