México pierde su 'soft power”

El poder blando se construye de varios componentes que otorgan prestigio a un país en la escena internacional, como sus políticas culturales y económicas

OPINIÓN

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La mejor traducción de 'soft power' es poder blando y hace referencia a las capacidades que tiene un país para influir y convencer a otros sin necesidad de utilizar el 'hard power' o la coerción utilizando métodos de presión política, económica o militar. Este concepto fue acuñado por el profesor Joseph Nye de Harvard, el cual influyó fuertemente en la política exterior de Obama y de muchos líderes en el mundo. El poder blando se construye de varios componentes que otorgan prestigio al actuar de un país en la escena internacional como sus políticas culturales, económicas y educativas. Además considera el compromiso global, buen funcionamiento de sus instituciones, estrategias de accesibilidad digital así como de gobierno abierto. Hay varios índices que miden este concepto. Sin embargo, el que realiza la Universidad del Sur de California es uno de los más sólidos por su metodología. La terrible noticia es que México dejó de aparecer este año en el top 30 de los países con mayor poder blando. Estamos en el lugar 34 por detrás de Brasil (29), Chile (32) y Argentina (33). En los últimos años han existido intentos fugaces de coordinar políticas de diplomacia pública para incidir de manera directa en el soft power mexicano. Estos esfuerzos fueron dirigidos desde la cancillería por Gonzalo Canseco, hoy gente muy cercana al secretario José Antonio Meade. También desde Washington el ex embajador en EUA, Arturo Sarukhán, empujó esta agenda. Asimismo, la excanciller Claudia Ruíz Massieu y Paulo Carreño King, director general de ProMéxico, buscaron relanzar la “marca México” con este mismo propósito. La Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXID) no tiene recursos suficientes para impulsar la imagen del país en el exterior. México solo invierte 289 millones de dólares en cooperación internacional para el desarrollo. La mayor parte se destina a pagar cuotas de organismos internacionales (75%) y tan solo invertimos el 2.4% para ayuda humanitaria para países en conflicto como Siria y 7.4% para becas a estudiantes extranjeros. No basta con ser una potencia cultural y turística. Tenemos que construir instituciones sólidas que nos blinden de la corrupción y la vergüenza internacional por casos como Ayotzinapa, asesinatos de periodistas, el escándalo de la Casa Blanca relacionado con la licitación del tren rápido a Querétaro, el socavón y exgobernadores prófugos en el extranjero. En su momento Brasil quiso vender al mundo una imagen de potencia mundial. Sin embargo, la corrupción endémica terminó con el soft power carioca y descubrió la fragilidad de su desarrollo económico. Una estrategia eficaz de soft power debe estar respaldada por un gobierno democrático con instituciones sólidas y con verdadera responsabilidad global. gerardo_rsl@yahoo.com Columna anterior: ¿Se fortalece la diplomacia mexicana?