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Crónica del desmantelamiento del IFE (primera parte)

OPINIÓN

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En México el debilitamiento de las instituciones es una costumbre transexenal, un ejercicio semejante a lo que ocurre cuando un virus entra al cuerpo y sin que se note, poco a poco destruye órganos vitales. La historia reciente del Instituto Nacional Electoral es una muestra de la manera silenciosa y efectiva de allanar la autonomía y la confiabilidad de una institución ejemplar en la época de José Woldenberg.

El IFE comenzó a desdibujarse en el otoño de 2003, cuando se eligió el Consejo General que supliría al de Woldenberg. La negociación en el Palacio Legislativo de San Lázaro fue un coctel preparado con algunos de los ingredientes –oportunidad política, intereses de partido, ausencia de equilibrios– que suelen formar parte del acto de socavar las instituciones.

Francisco Barrio se había apartado del liderazgo de la bancada del PAN a causa de una enfermedad cardiaca. German Martínez estaba al mando y negoció un IFE a modo de los intereses del PAN, que en distintos sentidos coincidieron con los del PRI.

La ecuación para elegir a Luis Carlos Ugalde ilustra un razonamiento político  frecuente en el ejercicio del poder: A Ugalde lo palomearon en el PAN porque había estado casado con Lía Limón, y Felipe Calderón –quien ya construía su proyecto a la presidencia– y Margarita Zavala habían asistido a la boda.

En el PRI, la pugna entre Roberto Madrazo y Elba Esther Gordillo empezaba; el partido fundado por Calles se iba a dividir (como ocurrió el año siguiente con la reforma fiscal) porque no era suficiente el número de puestos de consejero para repartir cuotas a los grupos internos.

La diputación del PRD abandonó la negociación después de la ruptura de Pablo Gómez que provocó que el nuevo consejo de IFE se lo repartieran PRI y PAN; hasta el Partido Verde obtuvo un consejero. 

Un año después de la controvertida elección de Felipe Calderón, alrededor del IFE se formó el grave y típico vacío de una autoridad que pierde confianza de quienes la integran y de la ciudadana. 

Entonces apareció Lorenzo Córdova con una voz autorizada y un discurso de revisión crítica en la línea de Arnaldo Córdova, su padre, uno de los ideólogos de izquierda más sólidos, y José Woldenberg, su maestro y constructor del modelo ciudadano del IFE.

Desde el Instituto de Investigaciones Legislativas de la UNAM había asumido un papel central en la Reforma Electoral de 2007, que otorgó al IFE el monopolio de la distribución de los tiempos de radio y televisión para los partidos políticos.

Córdova regresaba de un viaje a Argentina cuando las bancadas del PRI, PAN y PRD le propusieron dirigir el IFE, una historia de traiciones que terminaría con una crisis de Córdova y la designación de Leonardo Valdés en una repetición del consenso partidista que había llevado a Ugalde al IFE.     Columna anterior: País de socavones