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Viajar: la receta mágica para obtener la felicidad (según Instagram)

La red social fotográfica nos hace idealizar la vida de viajero, pero, ¿qué hay detrás de esas fotos que nos hacen soñar con recorrer el mundo?

OPINIÓN

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Si scrolleas en Instagram, tarde o temprano te toparás con la siguiente foto: una persona perfectamente bronceada está ante un bello panorama, una risa histérica de dientes imposiblemente blancos contorsiona su rostro mientras abre sus brazos hacia el cielo (como abarcando toda la felicidad y plenitud que el paisaje le ofrece). Al pie de la foto, cualquier cantidad de frases inspiracionales (“tanto mundo, tan poco tiempo”; “dreaming of this dreamy mornings”) junto a los hashtags #TravelForLife, #EmbraceHappiness o #SéLibre. La mayoría de los influencers de viajes cuelgan estas fotos fantásticas (y por “fantásticas” nos referimos a algo ficticio) para ganar popularidad (por popularidad nos referimos a esas caricias digitales llamadas “likes” o “follows”). Cierto, también buscan motivar a la gente a dejarlo todo y apostar por la verdadera felicidad, que suele estar relacionada con ir a lugares exóticos. Sin embargo, estas fotos, en lugar de motivar, se vuelven frustración para la mayoría de quienes no pueden darse el lujo de tirarlo todo por la borda. El discurso motivacional se vuelve cruel: todos pueden viajar y ser felices, y si no lo haces es porque no quieres. Pensarán que es una hipocresía que hablemos de esto cuando estamos viajando por el mundo. Sería aún peor si confesáramos que escribimos este texto mientras viajamos en tren por Rumania (¿glamuroso, verdad?). Así que hagamos un breve ejercicio: imaginemos que, en cuanto se abre la puerta del tren, damos codazos y encontramos antes que nadie el único asiento en el que no hay manchas, chicles pegados ni rayones en la ventana; nos sentamos y hacemos ojos de pistola a todos los que están en el tren para evitar que se sienten junto a nosotros y arruinen la foto; una vez que acertamos nuestro territorio, uno posa haciendo como que no se da cuenta de que le están tomando una foto, mientras el otro sostiene la cámara por veinte minutos esperando el segundo exacto en el que todo es perfecto (las casitas corriendo por la ventana, la luz, el ángulo…); supongamos que, una vez que tenemos la foto, la subimos a Instagram con el siguiente pie: Momentos de inspiración en los Cárpatos transilvanos #Wanderlust #BeFree #LiveTheMoment (todo en inglés porque #Aspiracional). El resultado sería una foto envidiable a la que le lloverían caricias digitales. Pero la realidad fue muy diferente, pues el tren en el que viajamos está sucio, va a reventar y para colmo se descompuso el aire acondicionado por lo que hay goteras y todos sudamos, engrosando el bouquet del aromático tren. Es cierto que #ViajarEsConocer, pero no todo el conocimiento se obtiene de forma glamourosa. Viajar también es darse de topes con diferencias que no siempre nos hacen sonreír o levantar los brazos hacia el cielo: #ViajarEsSalirDeTuZonaDeConfort. --- Sobre los autores: Carlota Rangel y Ruy Feben son otra clichetera pareja que está dando la vuelta al mundo. Sólo que ellos son mexicanos, escritores, y recorren los diferentes destinos del planeta para visitar tanto los sitios más estereotípicos como los secretos mejor guardados. Desde allá envían sus hallazgos en esta columna y publican postales fortuitas en su blog, senaleshumo.com. IG: @las.senales.de.humo FB: @las.senales.de.humo Columna anterior: El mole sabe a pies sucios