Alejandro Poiré: ¿Para qué queremos un Frente?

La clave del éxito para esa alianza reside en ocuparse menos de lo que sus protagonistas buscan para sí y más en lo que puede representar para la ciudadanía

OPINIÓN

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Si se trata solamente de derrotar a AMLO y al PRI, la cosa no tiene sentido. Bueno, puede ser que lo tenga para sus integrantes. Pero aquí me refiero no a las ambiciones de los políticos, sino a lo que sustantivamente podría resultar de una coalición que integre al PAN, PRD y a otros movimientos y ciudadanos para el 2018. La clave del éxito para esa alianza reside en ocuparse menos de lo que sus protagonistas quieren para sí (ganar la elección y contar con una posición de poder), y mucho más en lo que dicho arreglo puede representar para los ciudadanos. Ya se ha dicho que si bien han resultado exitosas para vencer al PRI, las coaliciones electorales entre el PAN y el PRD han sido un rotundo fracaso en producir un auténtico cambio político. Es porque simplemente han aspirado a que nuevos partidos o personas traigan consigo el cambio sustancial. Pero ello es insuficiente--y lo es incluso para la mejor oferta de “reforma” que pudiese presentar el PRI. Las alternancias fallidas y la restauración fracasada muestran que el régimen político es el problema. Este cambio de enfoque no solo es virtuoso para el futuro de México, sino condición indispensable para que tenga éxito el Frente. La población parece suficientemente insatisfecha con la política como para desconfiar de una alianza notoriamente oportunista. Tan increíble suena la oferta anticorrupción de un candidato cuya única vara ética es que se le apoye, como hueca una oferta de cambio que no plantee un esfuerzo serio por construir un nuevo modelo de acceso y uso del poder. Este nuevo régimen político, por cierto, debe trascender las reformas hasta ahora contempladas. No tiene mucho caso aún hablar de cuestiones como la segunda vuelta, el gobierno de coalición, o el parlamentarismo. El problema real son tres características de nuestro régimen que nos condenan a la mediocridad, si no es que a una regresión brutal: nuestro poder político es, a la vez, insuficiente y abusivo, y el acceso a él es oligopólico, excluyente. Uno. Es insuficiente para lo elemental. El desastre en seguridad hace evidente que no tenemos ni de lejos un Estado firme para darle a las personas lo básico: seguridad en su vida, sus libertades y sus posesiones. Dos. Es abusivo y arbitrario. Carecemos de controles eficaces frente al abuso del poder. La crisis de corrupción monumental que atravesamos lo muestra, y a ella hay que sumarle la grave inequidad en el acceso a la justicia. Tres. El acceso al poder es terriblemente oligopólico. Protege en extremo a las dirigencias y a los partidos y al hacerlo los debilita. Desconfía de los ciudadanos y de nuevas organizaciones. A ello se debiera comprometer el Frente. A ampliar sistemáticamente las vías de acceso al poder--a profundizar y liberalizar la democracia. A garantizar seguridad a las personas y acceso a la justicia, a protegerlas frente a los abusos del poder. Dicha oferta tendría un gran eco entre la población. Si el Frente opta, en cambio, por un rosario de propuestas de todos sus integrantes, quizá será evidente su incoherencia y oportunismo. *Alejandro Poiré es Decano del Tec de Monterrey @CSocialesTec, Tec de Monterrey @AlejandroPoire Columna anterior: Mercado negro y migración