Socavón en el paso de la muerte

OPINIÓN

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Crimen con autor identificado, más no sancionado, se perpetró ayer en el Paso Express de Cuernavaca, obra a encargada a la constructora española Aldesa y a la cual el gobierno federal le invirtió dos mil 213 millones de pesos. Se dijo que la vía tendría una durabilidad de 40 años, pero colapsó a los tres meses de inaugurada cobrando la vida de dos personas que iban a bordo del automóvil que devoró el socavón que se abrió sobre esa vía.   Esta tragedia, sin embargo, no es la única en esa obra, aunque tendría que ser la última al emprender acciones legales contra los constructores que, además, incumplieron con la entrega de la obra en los tiempos establecidos: inició en noviembre de 2014 para quedar lista en julio de 2016, pero se entregó, evidentemente mal hecha, apenas en abril pasado.   Durante los trabajos se registraron 21 muertes en más de 80 accidentes viales, que la Secretaría de Comunicaciones, a cargo de Gerardo Ruiz Esparza, atribuyó al exceso de velocidad, a que los conductores manejaban en estado de ebriedad o que no tomaron las precauciones debidas ante una carretera en construcción.   No obstante, en la etapa de las obras, Aldesa ni siquiera colocó señalamientos nocturnos adecuados, como marquesinas luminosas y señalamientos cada cien o 200 metros previos a desviaciones. Únicamente se regaron vallas plásticas anaranjadas. De ahí el nombre con el que habitantes de esa zona la conocen: “El paso de la muerte”.   CUATRO ALERTAS   De hecho, a un escaso mes de abrirse la vía, el director general de la Coordinación Estatal de Protección Civil Morelos (CEPCM), Francisco Javier Bermúdez Alarcón, confirmó que Aldesa no tenía programa de protección civil para en el área de las obras, por lo que le exigió presentarlo y reforzar las medidas de seguridad para evitar más accidentes.   No sólo eso: el 3 de abril, el gobierno de Morelos, a cargo de Graco Ramírez, envío oficios a la SCT pidiéndolo señalizaciones en esa zona. Otro el 3 de mayo y uno más el pasado 2 de junio.   Pero todo fue en saco roto, pues ayer colapsó esa construcción cobrando la vida de Juan Mena López y Juan Mena Romero.   Y la explicación que dio la SCT es de antología: “fue ocasionada por la erosión de una alcantarilla afectada por el exceso de basura, acumulación extraordinaria de agua ocasionada por las intensas lluvias y la deforestación del área derivada del crecimiento de la zona urbana”.   Ni una palabra de la probable responsabilidad de los constructores que, por cierto, son los mismos que ganaron la licitación para edificar la torre de control del NAICM.   ***   EN EL VISOR: Golpe al populismo: el expresidente más popular de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva fue sentenciado a nueve años de prisión por lavado de dinero y corrupción, a raíz de las investigaciones por el caso Petrobras. Moraleja: popularidad no es sinónimo de honestidad.   Columna anterior: AMLO: ¿como Juárez o Maximiliano?