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¿Se fortalece la diplomacia mexicana?

OPINIÓN

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El presidente de México recientemente ascendió al rango de embajador a 30 ministros del  Servicio Exterior Mexicano (SEM) con lo cual dio cauce a uno de los mayores procesos de ascenso dentro de la diplomacia mexicana. Con esa acción se empieza a despresurizar la tensión por ascender de diplomáticos que llevan mucho tiempo sin poder crecer en el escalafón lo que genera frustraciones personales, familiares y profesionales. El pasado 31 de mayo se publicó el acuerdo por el cual el secretario Videgaray somete a concurso nuevas plazas de ministro (50), consejero (63), primer secretario (65) y segundo secretario (67). Asimismo anunció el comienzo de un proceso de nuevo ingreso al SEM en el que probablemente se abrirán 60 plazas de la rama diplomática-consular y 40 para la administrativa. Videgaray logró que la SHCP abriera estas plazas seguramente por su amistad y ascendencia política con su titular José Antonio Meade, ex canciller por cierto. Con estas acciones, Videgaray efectivamente ataja un problema de frustraciones internas en la SRE. Sin embargo, hay que ser críticos y pensar que probablemente muchos de los ministros que ascendieron al rango de embajadores no tienen las capacidades suficientes para merecer sus nombramientos. También el Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos (IMRED) tendría que establecer si pueden ascender al rango inmediato superior todos los diplomáticos que se presenten al proceso de ascenso e incluso a los de nuevo ingreso. Es válido que el IMRED declare desiertas las plazas si los candidatos no cumplen con los requisitos mínimos. Cualquier mecanismo de ingreso y ascenso genera conflictos, grupos de poder y produce incentivos perversos sobre la disciplina interior. También la estabilidad laboral de las plazas diplomáticas, evaluaciones con criterios personales y la lejanía generan vicios irremediables y construye zonas de confort. Nuestros diplomáticos han tenido que dar la cara por los terribles actos de violaciones a los derechos humanos, corrupción e impunidad rampante en esta administración. También tienen que justificar la permanencia de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública y la terrible violencia que vivimos desde hace diez años. Ojalá que en el nuevo ingreso y ascensos del SEM no se privilegie la mediocridad y el confort. La cancillería se juega su capital humano de los próximos 20 años en este proceso interno. Para fortalecer a nuestra diplomacia y potencializar a nuestra política exterior se deberá incrementar el presupuesto anual de la SRE, abrir nuevas representaciones diplomáticas, actualizar sueldos y prestaciones e integrar con mayor fuerza a la SRE en las decisiones estratégicas de futuro de México.   Columna anterior:Sociedad civil vs. frente amplio: esperanza o frustración