Evitar el fracaso de las Zonas Económicas Especiales

OPINIÓN

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Primer acto: el CEO de una empresa singapurense escucha en enero de 2015 que México lanzará varias Zonas Económicas Especiales (ZEE) con incentivos fiscales para atraer inversión. Segundo acto: el mismo CEO presenta a su Consejo de Admón. en 2016 una propuesta para invertir en Lázaro Cárdenas Dlls. $ 800 millones en un centro de logística de commodities agroalimentarios El proyecto es aprobado y el CEO espera ansioso que México emita su ley. Tercer acto: el equipo gerencial del CEO arranca 2017 listo para materializar la inversión en México e inicia la búsqueda frenética de información. Pero llega el 1 de enero, y nada; el 2 de febrero; y nada; el 3 de marzo, igual; el 4 de abril; tampoco; el 5 de mayo, cero; el 6 de junio, vacío; y finalmente el 7 de julio... ¿Cómo se llamó la obra? ‘Mejor nos vamos a los Sanfermines’. El proyecto de las Zonas Económicas Especiales es una de las ideas más preclaras que ha tenido un gobierno federal en las últimas décadas. No obstante, por alguna razón, está sufriendo por la incapacidad del aparato burocrático para materializarlo. Mirémoslo en perspectiva: entre el día en que ganó Donald Trump la presidencia de EEUU (8 de nov, 2016) y el día en que concluirá la renegociación del TLCAN es posible que transcurra solo un año o poco más. Pero las ZEE, que son un asunto doméstico y no involucran a otras naciones, llevan más de 2 años y medio, y no han podido arrancar (incluso con la ley promulgada desde mayo de 2016). Es un hecho: las ZEE nos exhiben al mundo como incapaces y faltos de superar lastres burocráticos. Nos muestran descoordinados. Si uno busca la ‘home page’ de las ZEE en inglés, no existe. Ninguna persona del otro lado del mundo, que hable inglés, en Singapur o Hong Kong, por ejemplo, puede encontrar un mapa completo del alcance, beneficios, contactos y oficinas para visitar y conocer el atractivo de estas Zonas. ¿Otro ejemplo? Cualquiera sabe que será muy fácil y rápido que el futuro candidato del PRI a la Presidencia de la República arme toda una estrategia de comunicación en internet y redes sociales durante los meses que duren las campañas —desde finales de 2017 y hasta la elección en junio de 2018—. En contraposición, en estos dos años y medio, las Zonas Económicas Especiales no pueden tener una comunicación moderna, en inglés, ágil y atractiva para el inversor global. ¿Por qué todos podemos estar seguros de que un candidato sí puede resolver toda su comunicación con el electorado y hacer una mercadotecnia efectiva en cosa de 7 meses, pero las ZEEs no le pueden comunicar al mundo entero sus atributos? Uno tiene de cliente a los votantes, y funciona; el otro tiene de cliente a las empresas globales, pero es lentísimo. Y eso que el gobierno habló de incrementar la productividad desde inicios del sexenio…   Columna anterior: Banco Mundial potenciará fintech en México