Korrodi, el impresentable

OPINIÓN

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En septiembre del 2001, aconsejado por Lino Korrodi, el presidente Vicente Fox   expropió 27 fábricas azucareras, que eran propiedad de Enrique Molina Sobrino, Juan Gallardo Thurlow, Alberto Santos de Hoyos, Teresita Machado…  argumentando que eran de utilidad pública y que aquéllos no le pagaban a los cañeros ni a los obreros; que no cubrían sus deudas con la extinta FINASA, que se habían "transado" al Bancomext; que le debían al IMSS, a la Conagua, al Infonavit… cientos de miles de millones de pesos. El gobierno del “cambio sin rumbo” revivió así el "monopolio azucarero" que alguna vez tuvo la extinta Azúcar, S.A. Y con el argumento de "vamos a ordenar el mercado" para acabar con los “chanchullos”, creó el Fondo de Empresas Expropiadas del Sector Azucarero (FEESA) que en unos cuantos meses se convirtió en una "fábrica de pillos" que hicieron trinquetes con la comercialización del dulce. Korrodi puso al frente del FEESA (sin nombramiento oficial) a Ignacio Lazcano, quien se encargó de nombrar a los gerentes de las 27 fábricas azucareras; ellos decidían a quién venderle “polvito blanco”, en qué cantidades, a qué precio y por supuesto los descuentos. ¿Y sabe usted quién era el principal beneficiado? Le atinó: Korrodi, quien adquiría importantes volúmenes para las embotelladoras de Coca Cola, obteniendo jugosas ganancias bajo las socorridas “notas de crédito” que le daba su amigo Lazcano. En Azúcar S.A. y en los primeros años del FEESA, la mejor la manera de robarle al gobierno sin dejar huella y sin pagar impuestos, era el esquema de las susodichas notas. ¿Cuánto le gusta a usted que los encargados de la comercialización de dicha azúcar se hayan echado a la bolsa por el cobro de la clásica comisión? Para que haga un buen cálculo le damos los siguientes elementos: El FEESA producía 2 millones de toneladas de azúcar cada año (hasta 2004, pues en ese año el Gobierno Federal empezó a regresar a sus antiguos dueños los ingenios, luego que la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional la expropiación). Esos 2 millones de toneladas equivalían a 40 millones de bultos de 50 kilogramos. Póngale 5 pesitos por cada costalito y saque el resultado. De los 27 ingenios que expropió el Gobierno de Fox, regresó 18 y se quedó con los 9 que pertenecían a Enrique Molina Sobrino (principal embotellador de Pepsicola en aquel entonces), a quien, dicho sea de paso, Korrodi no quería porque era la competencia. Ese es el Lino Korrodi a quien Andrés Manuel López Obrador quiere darle una segunda oportunidad, reconvertirlo, pues.   Peor se las cuento, dice Alfonso Durazo, “manager” de Korrodi, que éste es lo mejorcito que tuvo Vicente Fox cuando fue presidente, y que es un personaje valioso porque también está harto de la corrupción y de la impunidad. ¡Ah, chingá! Exclaman los perplejos.   Columna anterior: Lo que requiere AMLO