Agustín Barrios Gómez: Blackmail

El actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tuvo la corazonada. No sólo construiría un muro fronterizo, sino que obligaría a México a pagarlo

OPINIÓN

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El 16 de junio de 2015, cuando lanzó su candidatura en su propio edificio de Nueva York, el actual presidente de Estados Unidos tuvo la corazonada. No sólo construiría un muro fronterizo, sino que obligaría a México a pagarlo. Más que una propuesta, fue el grito del macho alfa, listo para usar su fuerza bruta para poner al mundo al servicio de su tribu, que no todo Estados Unidos, sino los que se convertirían en la minoría victoriosa el 8 de noviembre de 2016. Por: Agustín Barrios Gómez* Sus seguidores, resentidos y deseosos de un hombre fuerte que reivindicara su enojo, lo siguieron. Les prometió regresar a un “América” (como le dicen los estadounidenses a su país) que recuperara su grandeza. Dado el perfil de sus seguidores, personas de raza blanca de relativamente avanzada edad como él (“baby boomers”, o la generación de la posguerra), eso quería decir regresar al pasado. A una época en la que el “otro”, de tez morena, sabía su lugar (inferior), y en que ellos (los blancos) tenían acceso a trabajos sencillos y bien remunerados. Las encuestas muestran que realmente no creían que su candidato lo fuera a cumplir, pero a nadie le quitan lo bailado. En realidad, la tercera parte de los 3,200 km de frontera ya tiene barrera física, gracias al “Secure Fence Act” de 2006. La mayor parte del resto es el Río Bravo. Por tratado, la frontera pasa por la mitad del río y éste se tiene que mantener navegable. Además, a diferencia de los estados de California, Arizona, y Nuevo México, por razones históricas (Texas fue país independiente, después de ser parte del estado mexicano de Coahuila y Texas, y antes de ser parte de EUA), los terrenos adyacentes al río son propiedad privada. El gobierno federal tiene que expropiar tierras cada vez que quiere construir ahí. Es un proceso legalmente complicado. La semana pasada, el susodicho volvió a amenazar a México con obligarlo (no queda claro cómo) a pagar el muro. El presidente Peña Nieto se sordeó. Existe, sin embargo, una manera de decirlo todo sin entrar en un enfrentamiento: “Estados Unidos depende directamente de la amistad de sus dos enormes vecinos, México y Canadá. Estamos seguros que el Presidente americano es demasiado inteligente para arriesgarla y chantajear (“blackmail”) no es de amigos. Por el momento, nosotros seguimos cooperando en las millones de tareas diarias que apoyan a aquel país en su seguridad y prosperidad. No tenemos por qué pensar que las circunstancias han cambiado”. El 6 de septiembre del año pasado, el senador Armando Ríos Piter propuso una ley que prohibiría que el gobierno mexicano financie cualquier cosa que se asemeje a un muro fronterizo. Además, establece lineamientos claros acerca de cómo reaccionaría México ante agresiones precisas por parte del Ejecutivo americano. Aparte de apuntalar su discurso recordando los hechos, el Gobierno Federal haría bien en permitir que la iniciativa proceda porque se tiene la percepción de que el país es indefenso. Esto no es cierto y esa fantasía puede resultar más problemática para la estabilidad de América del Norte que la corazonada original. *Coordinador de América del Norte de Comexi y presidente de la Fundación Imagen de México