1988: Salinas, fraude y herencia

OPINIÓN

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Treinta años, cinco presidentes y un bipartidismo de gobiernos neoliberales es la herencia del fraude de 1988. El primer gran acuerdo PRI-PAN condenó al fuego las boletas. Pero es posible reconstruir una senda de personajes y decisiones en la presidencia de Salinas, y sus consecuencias hasta estos días. Salinas surge de la Escuela Nacional de Economía junto con Manuel Camacho, Emilio Lozoya y Guillermo Ortiz, llamados Los Toficos a propósito del eslogan de unos chiclosos que se ¡patrocinaban: “Mmm, ¡qué ricos!” Salinas simboliza el ascenso de la tecnocracia y el neoliberalismo. Un acuerdo entre Salinas y Fernández de Cevallos determina la destrucción de las boletas. La alianza PRI-PAN aprueba 55 reformas apoyadas por la derecha: la privatización del ejido, la venta de las empresas del Estado, el reconocimiento de las iglesias y el retiro de los candados que impedían a un hijo de extranjeros ser Presidente. Salinas convence a Estados Unidos y Canadá de construir un acuerdo de libre comercio. Más de 500 perredistas son asesinados en una feroz persecución del movimiento de Cuauhtémoc Cárdenas, cuya sombra Salinas jamás pudo superar. Salinas favorece la creación de poderosos grupos empresariales. 25 magnates mexicanos aparecen en Forbes. Slim, dueño de Telmex, llega a ser el hombre más rico del mundo. El costo de las reformas salinistas –escribió Arnaldo Córdova– fue la desigualdad. De más de 90 millones de mexicanos, casi la mitad eran miserables. En 1994 Salinas era el salvador y México estaba en ascenso al Primer Mundo, pero la guerra zapatista descubrió un desarrollo basado en la pobreza, y los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu una descomposición detonada por el poder autocrático. Zedillo es candidato apoyado por el poderoso y oscuro José Córdova Montoya. Tras una fuga de 28 mil millones de dólares, Salinas se resiste a devaluar y al inicio del gobierno zedillista el peso y las tasas se duplican y vuelven impagables miles de créditos. Para salvar a los bancos, Zedillo hizo aprobar el Fobaproa, una deuda histórica por 900 mil millones que pagarán los millennials. Uno de los arquitectos fue el diputado priísta Dionisio Meade, padre de José Antonio Meade, secretario de Hacienda en los gobiernos del PRI-PAN. Emilio Lozoya, ex director de Pemex en el gobierno de Peña, hijo del ex secretario y amigo de Salinas, es investigado por los sobornos en Odebrecht. Colosio y Camacho están muertos. Raúl Salinas salió de la cárcel y es socio de Carlos Peralta, demandado por Mexicanos Contra la Corrupción por obtener contratos ilegales por más de 600 millones de dólares. Pedro Aspe fundó Protego, una firma que en dos décadas duplicó la deuda de varios estados. El Presidente Peña debe nombrar candidato. Sus predilectos son Luis Videgaray y José Antonio Meade, herederos del modelo neoliberal salinista. Columna anterior: El silencio del presidente