¿Alguien puede parar las masacres?

OPINIÓN

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Apenas han pasado los primeros días de julio y las masacres en varias regiones en conflicto son el indicativo que este año se romperán todos los registros en cuanto a muertes violentas. Las autoridades han encasillado el fenómeno como un recomodo de carteles y los escenarios demuestran que, ante un escaso debilitamiento en la capacidad de fuego, los enfrentamientos serán cada vez más fuertes y no será sorpresa que el número de bajas sea cada vez mayor. El sábado 1 de julio amanecimos con el saldo del choque entre hombres armados y policías municipales de Mazatlán en la sindicatura de Villa Unión que dejó 17 muertos, todos del bando de los delincuentes. La confrontación fue encabezada por el director de la policía municipal y no hubo ningún fallecido del lado policiaco. Fotografías y videos que circularon por WhatsApp con los cadáveres ensangrentados no dejaban duda de lo cruento de la batalla. El miércoles 5 en lo que se dijo fue un enfrentamiento entre integrantes de “La Línea”, y el cártel de Sinaloa en Las Varas, Chihuahua, dejó un saldo de 15 muertos, que pasó por un manejo torpe por parte de la fiscalía quien en un principio filtró 26 fallecidos y después de una errática comunicación tuvieron que enmendar. Y para rematar, la riña entre internos del penal “Las Cruces” de Acapulco con saldo final de 28 muertos, cuando en un principio se manejaron solo 6. Fotografías vistas en redes sociales mostraban cuerpos desmembrados, resultado de una feroz pelea en la que solo se utilizaron armas punzocortantes. Es fecha que el penal, uno de los 3 peor calificados del país, sigue sin intervención para despresurizar la tensión que se mantiene por la lucha del control entre bandas rivales. Y como colofón de todo esto, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México alertó el viernes que 4 mil personas actualmente en prisión preventiva podrían recuperar su libertad en las próximas semanas ante la resolución de la Suprema Corte, la cual permite a los reos solicitar libertad provisional en delitos que antes se consideraban graves. Mancera aclaró ayer que esta cifra corresponde solo a la capital del país y a nivel nacional podrá será mayor. En medio de todo este panorama desolador, pongo varias preguntas: ¿Quién está tomando el control ante la violencia desbordada? ¿a alguien en las oficinas gubernamentales le están preocupando estas cifras? ¿alguien bajo las togas saldrá finalmente a explicar qué demonios pasa con el sistema de justicia penal? Ojalá haya acciones y explicaciones pronto, antes que la vorágine de las campañas absorba las cifras de violencia como bandera electoral, porque ya vimos que eso lleva a nada. CONTRASEÑA: La hora de la vuelta de Marcelo Ebrard a la política —si es que en algún momento estuvo fuera— está cerca. Andrés Manuel López Obrador ya dio el visto bueno y dentro de poco se integrará formalmente a las actividades de Morena.   Columna anterior: Los bandos en el PRI