El sueño de los talentos jóvenes mesoamericanos

Jessica Colotl es una poblana a quien las políticas de Donald Trump la pusieron en el ojo del huracán porque, a pesar de ser una joven modelo por sus estudios, graduada en Ciencias Políticas, estudios legales y del idioma francés, está a un paso de ser deportada por conducir en 2011 sin licencia. 
Desde entonces a la fecha, alrededor de mil 500 jóvenes que, como Colotl, habían sido protegidos por el programa de Acción Diferida (DACA) que da permisos temporales de residencia a quienes llegaron a Estados Unidos en la infancia, han sido repatriados porque las autoridades estadounidenses encontraron en los expedientes alguna “actividad criminal”.
Estas actividades son en su mayoría delitos menores relacionados a su estatus migratorio tales como mentir sobre su dirección particular, no tener licencia o usar una Green Card falsa para trabajar; sin embargo, han servido para dejar la incertidumbre sobre el futuro de DACA a alrededor de 800 mil “dreamers”; medio millón, mexicanos .
Se trata muchachos que no nacieron en Estados Unidos, pero sí fueron criados allá y se formaron con la disciplina, el tesón y el empuje de dos naciones donde sobrevivieron hasta ser, al menos, totalmente bilingües y más: técnicos especializados en el sector gastronómico, la construcción o la agricultura y muchos con carreras universitarias. 
Oro molido pero desperdiciado. Han carecido de una respuesta a la altura de la clase empresarial y del gobierno mexicano a su retorno, mientras luchan por sus propias iniciativas en medio del desconocimiento de los sistemas económico, social, burocrático y lejos de sus redes en EU.
Entre las pocas opciones que han encontrado estos mexicoamericanos para pagar sus primeras facturas son los call centers de empresas estadounidenses que trasladaron a México sus operaciones de atención a clientes para ahorrarse unos pesos. 
Ahí se pueden encontrar profesionales en administración de empresas, en abogacía, negocios internacionales, pedagogía y otros universitarios formados en Estados Unidos que no tienen de otra más que hablar por teléfono durante ocho horas o más por un sueldo base que apenas rebasa el mínimo más comisiones.
Israel Concha hizo este trabajo durante dos años hasta que fundó la organización New Comienzos que busca enlazar a jóvenes repatriados con la iniciativa privada. Había sido deportado por pasarse un alto aún cuando tenía un título en Administración de Negocios por la Universidad de Texas.
Concha y sus aliados hacen todo lo posible por insertar al mundo laboral y estabilizar a sus correligionarios: consiguen abogados para asesorías legales; profesores para que les ayuden a perfeccionar su español; acuerdos para certificación en inglés … pero aún no abarcan la totalidad del problema.
El impedimento central es la falta de presupuesto. Carece del dinero con el que sí cuentan los programas de gobierno con todo y las reducciones que cada año se hacen a los programas para migrantes y que bien podrían complementar los esfuerzos aislados de los propios jóvenes talentos binacionales cuyo único sueño es insertarse exitosamente en cualquiera de sus dos países

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