Lo que la elección nos dejó

Una participación menor al 45%-50% beneficia al partido en el gobierno y las estructuras aceitadas desde el poder

OPINIÓN

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Las elecciones de ayer fueron históricas. Históricas, porque estarán dentro de las más sucias de las que se tenga memoria. Y vaya que hay competencia. No hay que ser genio para saber que se movieron, en uno y otro sentido, carretadas de dinero ilegal. Particularmente la del Edomex retrató la ambición desmedida de los jugadores dispuestos a todo con tal de ganar. Históricas, porque definirán el rumbo de la contienda presidencial del próximo año. No tanto porque los resultados por sí solos sentarán o levantarán a alguien de la presidencia, sino porque permiten aproximaciones. Al momento de escribir estas líneas, no había datos oficiales, pero sí un exceso de números, encuestas de salida y escenarios probables. El primer dato clave que permitirá adelantar triunfos y derrotas, pasa por el nivel de participación electoral. Una participación menor al 45%-50% beneficia al partido en el gobierno y las estructuras aceitadas desde el poder; una superior al 50%-55% le resta fuerza a la compra de votos que se opera con mayor eficacia desde el gobierno en turno. Adelantar ganadores es arriesgado, pero sí hay cálculos que se pueden trazar. Aún ganando el Edomex, el PRI perdería. Eruviel Ávila obtuvo más de 3 millones de votos hace seis años; Alfredo del Mazo en una buena tarde –para él- no tendrá más de 2.3 millones. Habrían perdido al menos 700 mil sufragios. Si salvan el día en Coahuila, lo harán también con un margen estrecho. Por el contrario, si es Morena quien triunfa en el Edomex, y el PAN se lleva la victoria en Coahuila y Nayarit –en alianza con el PRD-, el mapa electoral se reacomoda. De entrada, el PRI irá como zombi a 2018. Nunca como ahora gobernaría a tan pocos mexicanos. Solo 13 estados. Y de las entidades con padrones más grandes del país, ninguna: Edomex, CDMX y Veracruz. Un año antes de la contienda, agonizarían. Los dos ganadores serían AMLO y Ricardo Anaya. El primero arrebataría la joya de la corona al PRI; el segundo se alzaría como el presidente del PAN que más gubernaturas ha obtenido. Gobernarían 13 estados. 2018 se polarizaría antes de tiempo. AMLO y Anaya serían los dos punteros. El primero con el camino abierto en Morena, pero el segundo se sacudiría un año antes a Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle que solo irían de forma testimonial. Para el PRD la elección fue un vuelve a la vida. Como proyecto propio sigue en la lona, pero adquiere un valor determinante como marca rumbo a 2018. Aunque la mayoría de los líderes perredistas –comenzando por Alejandra Barrales- se inclinan por aliarse con el PAN, hay tribus que buscarán ir con Morena. El sol azteca será el fiel de la balanza. Sus bonos crecen. Pero además están ante la oportunidad de limpiar la casa. Juan Zepeda, la revelación electoral, demostró que buenos cuadros pueden entusiasmar y no solo deben mirar a quienes –por impresentables que sean- movilizan clientelas. Son apuntes. Falta mucho. -Off the record Desde la clínica María José de la colonia Roma, en la CDMX, fue informada desde el inicio de la jornada. Elba Esther Gordillo estuvo de buenas y sonriente. Vio encuestas y operó. Que nadie lo dude. Columna anterior: Sospechas sobre Moreno Valle