Teléfono descompuesto

OPINIÓN

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El exprocurador Jesús Murillo Karam, que carga con el estigma de la “verdad histórica” por el caso Ayotzinapa, fue el encargado de redactar la convocatoria para la 22 Asamblea Nacional del PRI que se realizará en agosto. El hecho en sí mismo no tiene nada de malo, el problema es que el documento está plagado de errores y es uno de los motivos que tiene molestos a varias corrientes del priismo. En uno de sus apartados, por ejemplo, otorga mayor poder sobre decisiones estratégicas a organismos especializados (institutos de capacitación) que a sectores pilares como el popular, el campesino o el obrero. Ese y otros factores influyeron para que varios priistas salieran del clóset y expresaran que no están de acuerdo con la forma en que Enrique Ochoa dirige al PRI de cara a la Asamblea Nacional y al proceso de elección del candidato presidencial. La rebelión, nos dicen, no es para tirar al ex director de la CFE ni para imponer a un candidato. Lo que quieren los “políticos de café” –como les mandó a decir el propio Ochoa-  es que en Los Pinos e Insurgentes Norte recojan la experiencia que han acumulado varios de sus cuadros para contribuir en la toma de decisiones y hacer del tricolor un espacio más democrático y plural. Para los inconformes, en la cúpula del priismo no están leyendo con claridad el mensaje de la “disidencia”, porque abrir la elección de candidatos a la base, como lo propone la corriente Alianza Generacional, podría tener efectos positivos para todos. En primer lugar, permitiría que, en una contienda interna, los contrincantes puedan hacer precampaña, recuperando el tiempo que han perdido frente a candidatos de otros partidos. Por otro lado, una votación interna permitiría a los presidenciales tomar el pulso de los priistas que voten a favor o en contra de su nominación en todo el país. Finalmente, con procesos abiertos darían cause a militantes que legítimamente aspiran a un cargo de elección popular, como los hicieron los 12 años que no tenía a un dedo elector en Los Pinos Y es que para los priistas, todo eso se perdió en el 2012 después de que el tricolor recuperó la Presidencia de la República. En la 21 Asamblea Nacional las reglas del juego cambiaron dentro y fuera de partido. De manera interna, por sólo citar un ejemplo, compactaron el Consejo Político Nacional; es decir, menos personas toman decisiones sobre estrategias y perfiles de candidatos. También quitaron los candados que, durante dos sexenios, impidieron a diputados y senadores del PRI votar por las reformas fiscal y energética impulsadas por gobiernos panistas. En aquel momento, hace cinco años, por instrucciones presidenciales las reglas del juego cambiaron en el tricolor y hoy depende de la misma figura modificarlas para responder al nuevo espectro político. De lo contrario, opciones sobran, dicen los “políticos de café”. *** Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: “Somos todos tan limitados, que creemos siempre tener razón.”   Columna anterior: El sueño guajiro de Anaya y Ortega