Te va tocar como al Cecilio

Hace unos días en la región de Tierra Caliente, en Guerrero, el periodista Agustín Hernández Valerio se topó en sus afanes de sabueso en El Despertar del Sur con una información relevante porque rompía la armonía de una comunidad y lastimaba a sus habitantes, un principio elemental para hacer periodismo. 

“Por amenazas y negarse a pagar la renta de una casa, demandan a Temo Salgado Junior, hijo del diputado local Cuauhtémoc Salgado Romero”, publicó Hernández, quien trabaja en Pungarabato, en su cuenta de Facebook.

¿Que sucedió a continuación?

Lo que pasa casi todos los días en distintas regiones del país asoladas por narcos, caciques y políticos locales:

“Demuestra asta eso eres pendejo mi esposa tiene mas valores que tu tu eres un pendejo pronto te va a tocar como le toco al Cecilio por osicones”, le respondió Temo Salgado Junior con toda la tranquilidad del mundo y desde su cuenta de Twitter.

Cecilio, al que ya le tocó, empleando las palabras de Temo Salgado, era Cecilio Pineda Brito, periodista asesinado en Pungarabato –una viuda, tres hijas– el jueves 2 de marzo. El crimen no se ha esclarecido.

La respuesta de Temo Salgado Junior no es una anécdota inocua: es un patrón de conducta enraizado en las comunidades más pequeñas y vulnerables del país, donde los caciques y los políticos regionales amenazan, agreden y matan periodistas como Hernández porque se atreven a denunciar conductas que atentan contra una sociedad, con frecuencia ilegales, que ninguna autoridad atiende porque como Temo Salgado siempre existirá alguien que los proteja.

No es la primera vez que Temo Salgado Junior lo hace. Fue denunciado en septiembre de 2014 por amenazar de muerte a una profesora de Pungarabato.

Con todo lo que representa, esta historia no tiene solo un lado oscuro; sobresale por luminosa la lección de los periodistas guerrerenses ante esta nueva agresión: tan pronto recibieron la noticia de la amenaza a Hernández, se llamaron unos a otros, se reunieron y tras discutirlo decidieron responder de otra manera.

“Cuando el asesinato de Cecilio nomás salimos a marchar, pero ahora decidimos emprender acciones inmediatas”, me contó una periodista que ha trabajado los últimos diez años temas sociales y de violencia en Guerrero.

Los periodistas respondieron con una denuncia masiva de las amenazas de Temo Salgado en medios y redes sociales e hicieron llegar una carta al gobernador para reiterarle la indignación de un gremio que carece de garantías para realizar su tarea –el olvidado principio elemental del periodismo– que consiste en informar a la población sobre lo que sucede en el Estado.

Exigieron a las autoridades pronunciarse sobre este hecho y abrir una investigación no solo de las amenazas a Hernández, sino del posible vínculo de Salgado con la muerte de Cecilio Pineda.

El domingo los periodistas de Guerrero se reunirán para discutir protocolos de seguridad bajo una línea irreductible: no dejar pasar una sola agresión más a su trabajo

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