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Segunda generación de reformas de seguridad nacional

OPINIÓN

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Estamos viviendo un momento de redefinición de las instituciones de seguridad y defensa nacional. El CISEN vive una de las peores etapas de descrédito por las sospechas fundadas que se desviaron recursos legítimos del Estado mexicano para el espionaje político. La Sedena y Semar enfrentan una estrategia de contrapropaganda por parte de varios grupos de la delincuencia organizada y por el desgaste de su actuación en materia de seguridad. Además cada vez hay más voces en la academia, sociedad civil, medios de comunicación y organismos internacionales que critican su actuación contra la delincuencia organizada. La Semar no se salvará de este descrédito si se comprueba la veracidad de las declaraciones del supuesto agente encubierto del gobierno de los Estados Unidos que detuvo a Joaquín “El Chapo” Guzmán en Mazatlán vistiendo uniforme del grupo de operaciones especiales de la Marina. México debe perder la inocencia política en temas de seguridad y defensa y asumir su madurez como una potencia global. Debe construir instituciones que establezcan verdaderos controles políticos, legales y judiciales contra el abuso de los poderes que tienen actualmente las instancias de inteligencia del país. Andrés Manuel López Obrador ha lanzado tres dardos que pegan en la diana del sistema de seguridad nacional. El primero apunta a la desaparición del Estado Mayor Presidencial. El segundo quiere pegarle al Ejército y Marina con la propuesta de crear una Guardia Nacional para sustituirlos en las tareas de seguridad pública. Esta es una propuesta electoral que no le falta razón porque apunta a los problemas de coordinación e inteligencia en materia de seguridad y que no cuajó con la propuesta de la gendarmería. Y por último plantea la desaparición del CISEN por el probable uso de algunas de sus áreas, delegaciones federales y agentes en actos de espionaje político. Ese dardo no pudo apuntarlo con precisión Fox y se desvió a la creación de aparatos ilegales de espionaje político en estados como Tabasco y Estado de México en el 20001 Los nobles intentos del gobierno de Peña Nieto de alcanzar la coordinación de las instancias de seguridad nacional sucumbieron frente los problemas estructurales de lucha por el poder político y económico al interior de su gabinete. Debemos pasar a una reforma de segunda generación de todas las instancias de seguridad nacional con el objetivo de fortalecerlas y mejorar su coordinación. Sin embargo es crítico que se fortalezcan los controles parlamentarios, judiciales y de transparencia. Seguridad con supervisión democrática es la clave. Hoy no hay condiciones políticas, sin embargo las plataformas del 2018 son un buen camino de inicio.   Columna anterior: Espionaje en Alemania