Fernando Rodríguez: ¿Una concertación para México?

OPINIÓN

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La situación que vive el país es muy grave. No se trata de exagerar ni caer en el alarmismo, pero lo que estamos viviendo en México quizá nunca antes había ocurrido: una corrupción descomunal; una violencia inédita –mayo registró más homicidios en la historia reciente del país—; una situación económica preocupante con una innación y pobreza crecientes... A lo anterior hay que agregar un renovado autoritarismo cuya más reciente muestra ha sido el documentado espionaje a periodistas, activistas y políticos. Esta realidad exige soluciones audaces y atrevidas. En este contexto y con este propósito, se ha planteado la posibilidad de construir un gran frente opositor de cara a las elecciones federales del próximo año. Un frente que agrupe no solo a partidos, sino también a organizaciones civiles y académicas, a partir de un proyecto que logre un auténtico cambio democrático de estructuras en el país. Las alianzas entre actores que piensan diferente son la regla, y no la excepción, en cualquier democracia. Ejemplos abundan. Por su significado y complejidad me gusta el caso chileno. En 1988, de cara al plebiscito que decidiría la continuidad de Augusto Pinochet como presidente, una gran alianza multicolor se conformó para promover el voto negativo. Formaban parte de esa Concertación (así se llamó) partidos que lustros atrás se habían combatido con todas sus fuerzas, pero que coincidían en la necesidad de transitar hacia un régimen democrático y garante de las libertades y los derechos humanos. La Concertación no se limitó a lo electoral, sino que perduró durante varios gobiernos y convirtió a Chile en el país con mayor desarrollo económico de toda América Latina.
En México hay un problema adicional: la ausencia de segunda vuelta, lo cual pueda ocasionar que un partido o candidato que conjunte un rechazo superior al 60% se convierta, sin embargo, en la primera minoría y gobierne durante seis años sin el aval mayoritario de la población. El Frente Opositor no eliminará las diferencias ideológicas entre sus miembros, sino que las canalizará a la arena correspondiente, la legislativa: cada partido tendrá su propia bancada a través de la cual impulsar agendas específicas que deberán conjuntar mayorías parlamentarias para convertirse en leyes. En los temas en los que haya consenso, como los relacionados con libertades democráticas, cambio de régimen, respeto a los derechos humanos, lucha contra la corrupción y a favor de la transparencia, los partidos frentistas los impulsarán juntos en el Congreso. Sacar al PRI de Los Pinos vuelve a ser una necesidad histórica. Reemplazarlo por un gobierno honesto y de resultados, igual. Una Concertación para México puede ir en ese sentido.
*Vocero PAN nacional