Un sistema con prioridades equivocadas

OPINIÓN

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Mientras algún "brillante" empleado de la "inseguridad" del gobierno mexicano dedicaba recursos a espiar periodistas y activistas conocidos por su posición crítica, narcotraficantes y delincuentes organizados buscan, mantienen y aún incrementan su control sobre regiones del país. Mientras The New York Times se llevó merecidamente la publicidad por descubrir el enésimo escándalo sobre el ilegal espionaje telefónico que se realiza en México y su adaptación a las nuevas tecnologías, un feroz reportaje anterior de la revista de internet The Daily Beast pasó casi desapercibido. "En vez de tratar de apoderarse del aparato del estado, como hizo el Estado Islámico en partes del Medio Oriente, 'carteles y caudillos pandilleros buscan gobiernos débiles a los que puedan amedrentar y corromper para permitirles tener tanto poder como quieran'", consignó el texto de Jeremy Krit. Cualquier parecido con lo que sucede en partes de los Estados de México, Puebla, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Tamaulipas, Sinaloa, Chihuahua, Coahuila y quién sabe cuáles otros, es mera coincidencia. En términos reales, el reportaje se hace eco en buena medida de señalamientos hechos por Ioan Grillo, un reportero británico especializado en lo que ahora algunos llaman "narcoguerrillas", que publicó el año pasado un libro titulado "Caudillos del Crimen". Pero usa también el término "narcoterrorismo" del analista Robert Bunker, de la Universidad de Claremont, para quien los carteles mexicanos de la droga son en particular "una amenaza mayor" para la seguridad de los Estados Unidos ya que involucra el uso de la corrupción para penetrar instituciones estadounidenses. De acuerdo con Bunker, los casos anticorrupción desarrollados ya en Estados Unidos señalan que en los últimos años los carteles repartieron al menos 15 millones de dólares entre agentes fronterizos -migratorios o aduanales-, "y esos son los que fueron capturados". Pero al parecer, para burócratas y politicos mexicanos, el peligro está en los críticos abiertos del sistema, pese a que este sistema enfrenta una creciente serie de limitaciones y desafíos en diversas regiones del país, que enfrenta cada vez mas desafíos. Lo peor es que es el enésimo escándalo sobre espionaje telefónico en un país donde desde los cincuenta se da por establecido que las líneas telefónicas estaban intervenidas y desde entonces ha habido por lo menos tres escándalos mayores y varios menores. De hecho solo en los últimos 15 años hubo una colección de escándalos ligados al espionaje en redes celulares, con denuncias y señalamientos en El Universal (2001), El Financiero (2016) La Jornada (2013), Aristegui Noticias (2014). En otras palabras, no solo tienen prioridades equivocadas sino que tampoco aprenden.   Columna anterior: Países con techos de cristal