La verdadera capital irlandesa

Una destilería compite con otra; edificios universitarios se enfrentan. Los rituales ponen en entredicho cuál de estas 2 ciudades es la principal de Irlanda

OPINIÓN

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¿Cuál es la capital de Irlanda? Cualquiera que haya pasado con mínimo decoro la primaria responderá: Dublín. A menos, claro, que la persona en cuestión sea de Irlanda. En ese caso, nuestro personaje (que no por ser irlandés está ebrio), responderá: Cork. Luego, orgulloso, casi altanero, como para que no lo tildemos de menso, añadirá: Cork is the real capital. No bromea: para muchos irlandeses, Cork es una ciudad mucho más digna que Dublín. Para quienes visitamos de fuera, la idea parece un poco ridícula. A los ojos del extranjero que busca en Irlanda una experiencia realmente irlandesa, Dublín resulta mucho más, bueno, irlandesa. Sobre O’Connell Street pueden verse botargas de leprechauns en todos los tamaños, y la catedral de San Patricio es lo que todo extranjero esperaría de aquel supersticioso país: un edificio gótico dentro del cual los piadosos motivos católicos se mezclan con una tienda de souvenires decorados todos con tréboles. No olvidemos Temple Bar, aquel barrio con nombre de pub que es como el Maracaná del levantamiento de tarro, o ese otro templo nacional, acaso el mayor de Irlanda: la cervecería Guinness. Para el visitante que pisa Dublín, no queda duda: esa ciudad es una capital en toda forma; vaya, no estaría de más proponerla capital del orbe. Sin embargo, los irlandeses nos dirán que nos estamos dejando llevar por dioses falsos. ¿Guinness? Bah: en Cork hacen su propia stout, llamada Murphy’s (ellos dicen que es mejor; lo cierto es que tiene una mayor ligereza que se agradece a la tercera pint). Si de alcohol se trata, en Midleton, dentro del condado de Cork, está la destilería de Jameson, whisky que, aseguran los locales, derriba a sus contrapartes escocesas cualquier tarde, y es incluso anterior a todas ellas. A favor de Dublín saldrá su lado menos alcohólico: el Trinity College, la universidad cuya arquitectura, con un mero vistazo, ya da clases; mencionar a su destacado exalumno, un tal Oscar Wilde (cuyo rastro se ve por toda la ciudad), o a un cierto tipito llamado James Joyce (que lo tiene todo: era escritor y borrachales, feligrés del pub The Brazen Head, el más antiguo de Irlanda). Del lado de Cork se dirá que, bueno, ella también tiene su University College, que es lo más parecido en este planeta a Hogwarts. Pero sobre todo decir que Cork es la buena vida: la sorna de los pueblitos cercanos, el fabuloso English Market, el C.F. Lennox’s, changarro orgullosamente corquiano, que vende el mejor fish and chips del universo, hands down. Podríamos pasar muchas horas discutiendo; los irlandeses llevan así muchísimos años. Sería infructuoso: al final nos daríamos cuenta de que, igual que aquella respuesta del principio, todo es parte del humor irlandés, ese sí repartido por igual en la isla que ostenta dos capitales muy reales. --- Sobre los autores: Carlota Rangel y Ruy Feben son otra clichetera pareja que está dando la vuelta al mundo. Sólo que ellos son mexicanos, escritores, y recorren los diferentes destinos del planeta para visitar tanto los sitios más estereotípicos como los secretos mejor guardados. Desde allá envían sus hallazgos en esta columna y publican postales fortuitas en su blog, senaleshumo.com. IG: @las.senales.de.humo FB: @las.senales.de.humo Columna anterior: Cómo curar el mal del jamaicón