Luis Carlos Ugalde: Riesgo electoral 2018

El 69 por ciento de los mexiquenses piensan que hubo fraude en la elección del 4 de junio, según encuesta de Reforma. El 60 por ciento de los coahuilenses también así perciben el resultado de sus comicios. La confianza del INE se encuentra es su nivel histórico más bajo: 39 por ciento confía poco o nada en el instituto, de acuerdo al último dato de Latinobarómetro para 2016. El 69 por ciento que dice hubo fraude en Edomex es muy semejante al 70 por ciento de la población que buscaba un cambio en el gobierno. Si durante las campañas los partidos se acusaron de trampas, guerra sucia, compra del voto y otras malas prácticas, es lógico que los que perdieron se sientan despojados de un triunfo. No veo en el horizonte ningún factor que pudiese cambiar esa percepción antes de la elección de 2018. Tampoco veo un nuevo liderazgo presidencial ni menos aún nuevos o mejores candidatos de los partidos políticos. Lo cual implica que llegamos con lo que hay a la elección más grande en la historia de México: ocho gubernaturas y la jefatura de Gobierno de la CDMX, alrededor de 980 diputados locales, mil 825 alcaldías y ayuntamientos, 500 diputados federales, 128 senadores y el presidente de la República. En total, en 2018 se disputarán 3 mil 447 cargos en 30 entidades y a nivel federal. Salvo que AMLO gane (no importa el margen), o bien gane el partido en el gobierno o el PAN por un amplio margen, el desenlace postelectoral de 2018 será semejante al de 2017: autoproclamaciones de victoria de todos los contendientes, denuncias de fraude antes de la jornada, desacato del resultado. Si en 2017 ha habido prudencia y contención de los seguidores de AMLO, ya que su apuesta es 2018, ese factor estará ausente el próximo año y podría desencadenar rebeldía e incluso violencia focalizada. Ayer en un foro organizado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Willibald Sonnleitner, investigador de El Colegio de México, decía que los franceses se sienten ganadores con la elección de Macron porque aunque muchos no hayan votado por él, la legalidad y legitimidad del proceso lo convierte en un trofeo de todos. En México, los que no votan por el ganador se sienten excluidos y, con las acusaciones de fraude que cunden aquí y allá, ese porcentaje de alienados acaban por descreer del sistema electoral. Las reformas electorales de 2007 y 2014, vendidas por sus promotores como la llave mágica para contar con mayor legitimidad de los procesos electorales, no han servido para ese fin y han hecho más complejo la administración de elecciones. El abuso o la simulación por parte de los partidos sin castigo cuando violan la ley solo invita a violarla más. Y la falta de mecanismos como la segunda vuelta solo fragmenta el voto y contribuye a alienar a amplios segmentos de la votación. No caminamos a ciegas sino con los ojos bien abiertos hacia la elección de 2018. No solo tenemos los ojos abiertos sino vemos el precipicio delante de nosotros y caminamos de forma inexorable sabiendo que podemos caer en el salvo que algo contingente lo evite.   *Director de Integralia y ex presidente del IFE   

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