Por la Trevi la cacharon

OPINIÓN

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Mi familia se dio cuenta que mi hermana es gay cuando estaba por cumplir 13 años de edad. Mi mamá le preguntó qué quería de cumpleaños, entusiasmada pues mi papá había vendido un cuadro (cosa que no sucedía tan a menudo) y Artemisa, mi hermana, se lo merecía, sacaba excelentes calificaciones y siempre se portaba bien...muchísimo mejor que yo. La respuesta fue simple y clara: "quiero el calendario de Gloria Trevi", un silencio se prolongó hasta que mi mamá le preguntó con voz dulce "¿porque la admiras?" A lo que mi hermana respondió "No, porque sale muy guapa". En realidad, yo ya lo sabía, lo supe siempre, Artemisa no era como otras niñas que gritaban al ver a Leonardo Di Carpio en la pantalla o pegaban posters de chicos bellos en las paredes. Artemisa leía poesía, escribía desde siempre las historias más fantásticas que he escuchado en mi vida, coleccionaba pláticas entrañables, sabía escuchar como una sabia y deshacer con una crítica filosa al monstruo más malvado. Ella era y sigue siendo la mujer que más admiro en todos los sentidos y al crecer con ella tan cerquita la pude observar mucho, desde esa cama paralela a la suya que descansaba bajo los posters de Gloria Trevi semi desnuda, cubierta en aceite jalando sus diminutos calzones hacia abajo y la descubrí. Supe que los "chicos" nunca estarían en su agenda y por lo tanto no me sorprendió escucharla decir con la valentía que la caracteriza "ella es mi novia". Lo que si me sorprendió es ver que el mundo no la entendió como yo, ni a ella ni a tantas personas que se enamoran, andan, tienen sexo, se casan o forman una familia con personas del mismo sexo. Para mí era una obviedad, la gente decide ser y hacer lo que le parece mejor y nadie tiene derecho a juzgarlos, empezando porque nadie tenemos ni la más remota idea de nada en general. El mundo desea que tomes decisiones basadas en la aprobación de personas que jamás recogerían tus pedazos del suelo si algo sale mal. Para mí eso es amor, entender que las personas sólo están un ratito, hay que recolectar cada segundo con ellas como en los libros de mi hermana, no cuestionar, ni juzgar la decisión de ser. Mi vida ha estado marcada por personas gays, mi mejor amigo es gay y tengo una amiga transgénero y los amo. La libertad es un derecho, el mundo debiera serlo pero que está en las personas valientes y "diferentes" abrir camino, romper paradigmas, construir libertad, aunque duela con pedazos de sus corazones, vale toda la pena, me gustaría tanto que no les fuera tan difícil. Que el mundo apuntara a hacernos espacio a todos sin sacrificar vidas, lágrimas y corazones, como si romper reglas por el simple hecho de ser libres y reales no fuera en si la cárcel social más dolorosa que pudimos haber construido y es obligación de todos destruirla de una vez y entender que en realidad todos nos sentimos diferentes porque en el fondo somos idénticos.   Columna anterior: No soy millenial