'Dedazo” sigue siendo efectivo

En México, el proceso de la sucesión presidencial solamente tiene dos posibles escenarios, recuerdan los observadores políticos: Uno es la intervención definitiva del Presidente de la República para conducir las distintas y delicadas etapas de ese proceso, hasta la culminación con el nombramiento del candidato del partido en el poder. El otro escenario es el voluntario distanciamiento del inquilino de Los Pinos, con el propósito de dejar en plena libertad a las instancias de su partido que elegirán, seleccionarán o designarán a quien los represente en las elecciones generales del mes de julio de cada seis años. El jefe del Ejecutivo Federal no tiene más opciones que intervenir decididamente y ser "el fiel de la balanza" -como dijo José López Portillo- o retirarse del proceso y establecer una "sana distancia" con su partido, como lo hizo Ernesto Zedillo. De Vicente Fox y Felipe Calderón no hablamos porque “se les hizo bolas el engrudo”. En el primer caso, el famoso “dedazo”, cada uno de los presidentes mexicanos surgidos del PRI aplicó su personal estilo, de acuerdo con la circunstancia que le tocó vivir. Visto a la distancia de los años, el proceso de sucesión que cada quien condujo fue lógico de principio a fin y logró el resultado de poner la candidatura presidencial en manos del político que resultaba necesario y posible en la época en que fue ungido. Cuando le llegó la hora de la sucesión presidencial, Ernesto Zedillo estaba en conflicto con el PRI, al que pertenecía de manera formal, ya que desde el principio de su mandato decidió mantener una “sana distancia” con el partido. Esa distancia provocó que la clase política priista le diera la espalda, lo tratara como traidor y le impidiera aplicar el “dedazo” al introducir en los Estatutos del partido —cuando lo presidía Santiago Oñate Laborde— la exigencia de que los candidatos presidenciales tuviesen previamente cargos de elección popular. Eso cerró el paso al gobernador del Banco de México. Guillermo Ortiz Martínez, delfín oculto zedillista, y abrió la puerta de la candidatura al secretario de Gobernación Francisco Labastida Ochoa, quien perdió la elección en el año 2000. Después de este breviario hasta los analistas políticos bisoños preguntan: ¿Por qué un grupito de priistas resentidos quiere “cortarle el dedo” al presidente Enrique Peña Nieto para la elección del 2018?  El verdadero líder del partido demostró en la elección del Estado de México, que el “dedazo” fue lo mejor que le pudo haber ocurrido al tricolor. ¿O no?  ¡Ganas de “joder” de aquéllos! AGENDA PREVIA El director del IMSS, Mikel Arriola, inauguró ayer en Pachuca, Hidalgo, una nueva clínica familiar de las 40 comprometidas por el presidente de la República que beneficiará a casi 30 mil hidalguenses. En la tierra de Osorio Chong, el IMSS trae 26 obras con inversión de 1,300 millones de pesos, lo que era impensable en 2012, pues lo dejaron quebrado los azules.   Columna anterior: Izquierdas unidas, ilusión

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