¡Ya era hora!

Todo tiene un hasta aquí. Después de décadas en que las televisoras prohibían a su talento aparecer en la competencia, los mismos famosos pusieron un alto. Primero era cuestión de exclusividad, pues por contrato no se permitía que se fueran si quiera a asomar a la competencia; después cuando eliminaron las exclusividades comenzó la amenaza de no darles trabajo. Al final, los empleados no eran más que productos y títeres de las empresas a las que pertenecían. Hoy vemos un cambio positivo, nació una hermandad muy fuerte en la comunidad del medio artístico. Comenzó con un chat en Whatsapp donde, poco a poco, se fueron sumando más y más, de entrada, para discutir temas del sindicato y en segunda para crear una fuerza, ya que se sentían todos dispersados y solos. Se dieron cuenta que eran muchos y al parecer esta unión funcionó. Cada vez es más común ver a estrellas de Televisa en programas de espectáculos en Azteca. ¿Cuándo hubiéramos imaginado que esto pasaría? Manuel Landeta, Patricia Reyes Sípindola, Valentino Lanús, Marco Antonio Regil sólo por mencionar algunos. O pensar que Televisa les abriera las puertas a los ex participantes de uno de los programas más emblemáticos y que en su momento les ganó en audiencia: La Academia. Las empresas ya se dieron cuenta que no tienen la fuerza para hacer monstruos de la televisión. Lo único que les queda es saber compartir los pocos famosos que quedan y que en su momento pudieron hacer. La única máquina hoy en día para crear a estos “gigantes” son las plataformas digitales. Ojo, no es que la televisión vaya a desaparecer, así como pensaron que sucedería con la radio en su momento. Simplemente hay más opciones de medios en los que hay que saber balancearse para consolidar una carrera estable y duradera. Cambiando de tema, ¿se acuerdan de la “señorita” que subió Maluma y que besó en un show y que después ella confesó haber pasado una noche loca con el colombiano? Grette Durán es la misma que tuvo un romance fugaz con Alan Pulido y después fue la tercera en discordia con Julián Figueroa y su actual pareja. Pues su último intento de tener una relación con un “famoso” fue uno de los integrantes de Acapulco Shore. A pesar de que trató de tener sus cinco minutos de fama, no le funcionó. Una amiga de ella me dijo que lo que quería era fama, pensó que le iban a llover ofertas de trabajo. Pero todo lo contrario. Se le han cerrado muchas puertas y ahora cobra por ir a antros $800 pesos por tres horas y estar bailando con los clientes y hacer que consuman buenas cuentas. Sin duda, para conseguir trabajo y ser exitosos se requiere de talento y no de andar de cama en cama y mucho menos presumiéndolo a la prensa. Lo único que sucede es que su prestigio se quedó en el suelo.   Columna anterior: Accidentados 

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