La 'Roqueseñal" de Wilbur Ross

La semana pasada el titular del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, Wilbur Ross, hizo a México la “Roqueseñal”, acompañada del siguiente mensaje: Ya saben por dónde va a “mascar la iguana”  en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Sin embargo, los secretarios de Economía, de Relaciones Exteriores, le han querido vender al presidente Enrique Peña Nieto, a la sociedad y a la opinión pública en general, que el mensaje de Ross es alentador porque lograron, según ellos, que nuestros “partners” nos traten con respeto y no con la punta del pie como lo hicieron cuando en 1993 se firmó el TLC, y en algunas controversias comerciales, como las “guerras” del tomate, del aguacate, del atún, y la última  del azúcar. ¡Cuál respeto! Si México tuvo que aceptar condiciones humillantes en la renegociación de los acuerdos azucareros para poder seguir exportando al mercado norteamericano, afirman quienes conocen del tema. Y exponen: Cualquier cantidad de dulce de caña que México mande a los Estados Unidos debe ser 70% de crudos y 30% de refinada. En 2014, cuando se firmaron los acuerdos originales para evitar el cobro de aranceles –luego de que nuestros vecinos acusaron de “dumping” y subsidios  en los precios del azúcar que se les vendió durante varios años--, se estableció que México podría exportar 53% de azúcar refinada y 47% de crudos, del volumen asignado, lo que dejó a ambas partes felices de contentos. Meses después, industriales americanos encabezados por la familia Fanjul, que contribuyen con mucha lana a las campañas electorales,  acusaron que lo pactado no se estaba cumpliendo a cabalidad y les afectaba, por lo que pidieron a las autoridades de su país que renegociara cantidades y condiciones:  Del total a exportar, el 15% refinada, y 85% crudos, y enviarse directamente a las refinadoras del señor Fanjul y su banda. Cuando se dieron a conocer algunos detalles, el presidente de la Cámara Azucarera, Juan Cortina, se dijo ofendido, humillado. “Nos quieren ver como simples proveedores (sus esclavos, pues) pero no lo vamos a permitir”, advirtió. Los secretarios de Economía y de Relaciones Exteriores se pusieron machitos y declararon que, si Los Estados Unidos insistían en esas medidas, México respondería imponiendo aranceles a varios productos norteamericanos que importamos. En el “estira y afloja”, más bien en el “afloja y afloja” hasta que al cinturón se le acabaron los hoyitos, Guajardo y Videgaray cedieron a todas y cada una de las condiciones de Estados Unidos. Wilbur Ross presumió: “Hemos conseguido que México acepte casi todo lo que exigimos para beneficio de nuestros productores y refinadores…”.  Si les hubiéramos pedido el “tesorito” también nos lo dan, quiso decir. ¿Y según Guajardo, Videgaray, ¿Cortina et al, ganamos?  ¡No tienen lo que dijo Nelson Vargas! Columna anterior: Porras a Juanito

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