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La incomodidad de junio de 2017

OPINIÓN

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Si las cosas quedan como van hasta hoy, Alfredo del Mazo y Miguel Riquelme gobernarán próximamente en el Estado de México y Coahuila. No dejo de percibir una sensación de incomodidad por los resultados de las elecciones de hace una semana. Incomodidad por la forma en la que ambos ganaron y por la premonición de que nada va a pasar, nada va a cambiar. Hay una buena cantidad de ciudadanos que están conscientes de la forma en la que se operó para que estos candidatos resultaran triunfadores, más en la tierra del Presidente Peña: intromisión del gobierno federal y estatal, amenazas como las cabezas de puerco y las coronas de muertos, llamadas intimidatorias, campañas oscuras y un órgano electoral tibio. Y en Coahuila, las cosas no son diferentes: además de utilizar a corporaciones como la nueva policía estatal, queda para el registro un instituto electoral inepto, acusado de trabajar para el gobernador Rubén Moreira y el PRI, que desde antes del día de la elección se encargó de enredar las cosas con el resultado que vimos. En ambos casos el uso de dinero, mucho dinero. Del 4 de junio, queda también a la vista cómo una oposición endeble, dividida y manipulable abona a la desconfianza ciudadana. Ni qué decir de una institución como el INE, que maniatado por una ley a modo de los partidos, casi nada puede hacer ante lo que pasa en los estados. Y en esta incomodidad nos enfilamos al 2018. Si Del Mazo y Riquelme llegan a tomar posesión, lo harán con una escasa legitimidad, una mayoría ciudadana en su contra y mucha desconfianza hacia ellos, sobre todo por esa percepción de que ganaron con trampa. Todo eso hará que cualquier acción que emprendan sea cuestionada y que la eficacia de sus administraciones esté siempre en entredicho. ¿Qué va a quedar de la incomodidad de junio de 2017? Cada vez más voces empujan a que las reglas cambien para remodelar un sistema político que nos hace sentir atrasados y un sistema electoral que trata a los ciudadanos como infantes. Segunda vuelta, gobiernos de coalición, menos legisladores, periodos de gobierno más cortos… ideas hay de toda índole. Pero ninguna de estas propuestas resultará en algo efectivo si se sigue tolerando que en la competencia electoral no se censuren las acciones que permiten tomar ventajas indebidas. Nuestros partidos y políticos han resultado expertos para sacarle la vuelta a la ley y nada garantiza que vayan a cambiar. A menos que lo sigamos permitiendo. Coahuila y Estado de México sirven como ejemplo para no normalizar lo que a todas luces está mal. CONTRASEÑA: Seis días han pasado desde el nuevo motín en el penal de Ciudad Victoria y nadie ha sido capaz de explicar cómo un grupo de reos se hizo de un arsenal con el que enfrentaron durante más de 4 horas a la policía estatal. Y Reynosa sigue ardiendo. ¿Dónde está el gobernador de Tamaulipas?   Columna anterior: para el PAN, una voz desde el norte